Monday, August 17, 2009


Articulista invitado: Manuel Valdivia Rodriguez
Nota: No tengo el honor de conocer al articulista, pero su escrito refleja intimamente el pensamiento y el sentimiento que presidió la vida de Constantino Carvallo Rey, maestro, amigo de siempre, que hace apenas un año nos dejó desolados. Nos parece oportuno por ello, en este blog, publicar este breve y estupendo ensayo como homenaje a quien tanto quisimos.


CONSTANTINO CARVALLO: UNA VIDA DE ACCIÓN Y PENSAMIENTO
Por Manuel Valdivia Rodríguez

En el año 2005, Constantino Carvallo [1] publicó un libro fundamental para el pensamiento sobre educación, Diario Educar, cuyas páginas había escrito en el transcurso de varios años, en los tiempos seguramente breves que le dejaban sus actividades docentes, principalmente las que desarrolló como director de una institución educativa ejemplar, Los Reyes Rojos, que él fundó en 1978. Diario Educar no es un libro orgánico, planificado como tal; es, más bien, un conjunto de páginas que dan testimonio de reflexiones, en ocasiones teñidas por la angustia, surgidas del contacto cotidiano con los alumnos y maestros de su colegio. Este libro tiene pocos antecedentes en la literatura pedagógica. Uno de ellos, el más cercano, es Vida de un maestro, escrito por otro gran educador latinoamericano: Jesualdo Sosa (1905-1982). Jesualdo –así firmaba sus obras- escribió su libro a manera de un diario, al margen de sus labores en una humilde pero hermosa escuela unidocente rural, en Canteras del Riachuelo, lejano pueblo uruguayo de trabajadores mineros. Constantino Carvallo1 hizo algo parecido, en el marco de un colegio de gestión particular, ubicado en Barranco, un barrio tradicional de la Lima que se va.
Si bien las circunstancias no son comunes, hay algo que las trasciende y que establece estrechos vínculos entre los textos de ambos educadores: la energía espiritual que anima la vida de dos personas que no podrían haber sido otra cosa que maestros, maestros de escuela, como diría José Antonio Encinas. Es así porque sus libros, tan plenos de ideas, han surgido de la vida real, con lo cual se cumplía algo que deseaba Emilio Barrantes: que la pedagogía emane de la vida misma.
En las notas que recoge en Diario Educar, Carvallo ha tocado muchos temas, las más de las veces en pocos párrafos pero siempre con profundidad. Los asuntos sobre los cuales hace alguna acotación por lo general se desprenden de pequeños sucesos escolares, que en el caso de otros docentes hubieran causado solamente una leve ráfaga de preocupación pero que, en Carvallo, fueron motivo de reflexiones iluminadoras Carvallo –que a lo largo de sus textos se revela como lector infatigable- cita una frase de John Stuart Mill, quien define el quehacer educativo como “el contacto del alma humana viviente con el alma humana viviente”. Esta cita es una clave para un acercamiento al ideario de Carvallo. En lo escrito sobre educación durante el siglo pasado y el actual, pocas veces se ha empleado la palabra ‘alma’; Carvallo no teme usarla. En una ponencia que expuso en la PUCP, Carvallo dice lo siguiente: “No tengo, la verdad, una idea muy clara de qué sea el alma.
Por alguna razón es una palabra que tiene un sonido y quizá un significado más hermoso que mente o que psiquis o que corteza cerebral y me parece más cercana, más propia, más encarnada, que la palabra espíritu”. Y en ese sentido va a usar el término cuando lo incluye es sus escritos.
Para Carvallo, la labor del maestro es un esfuerzo por llegar al alma de los niños y adolescentes, esfuerzo no exento de obstáculos: “…todo lo que tenemos para educar –dice Carvallo- es el cuerpo. ¿Cómo llega un alma a acercarse a otra si su tacto está limitado por su piel, si no mira sino materia y conducta?”. Porque, a fin de cuentas, sólo esa superficie de la persona es lo que se ve en la escuela, que no pretende, ni puede, ir más allá. Esta barrera, difícil de sortear, hace difícil la tarea docente. “Y el oficio desgasta y cansa como ningún otro – dice Carvallo- porque alma y cuerpo se entregan sin tregua al cuidado atento del prójimo, a la generosidad multiplicada, al combate gigantesco con uno mismo para entregar siempre lo mejor”.
Las formas de relación con los alumnos son importantes: “la voz del maestro, su tono, su textura, su ritmo, dice más que las palabras mismas y abre o cierra el complicado sendero hacia el corazón de otro” (p. 18). No se trata de que el maestro se haga uno más en la clase escolar; no se trata tampoco de que desaparezca en un rol de simple facilitador, como se acostumbra a decir en nuestros tiempos. El docente debe cumplir su función, que es educar, sabiendo sin embargo que se halla en la otra orilla: “El mundo del maestro, a menudo, no es el mundo de los muchachos. Son dos esferas que apenas si se tocan cuando los alumnos simulan durante unas horas pertenecer al mismo bando… El esfuerzo educativo nos lleva a meternos en el mundo de los jóvenes, intentar ser más listos que ellos. Y a veces nos lo permiten y allí vamos con nuestras torpezas, hablando un lenguaje que no es el nuestro, involucrándonos en sus cuitas y sus asuntos. Luego, por la noche, la máscara se agrieta y cae dejando al descubierto nuestros ojos abultados” (p. 51). Carvallo llegó por su cuenta a lo que sostenía Émile Chartier ‘Alain’, un clásico de la pedagogía francesa: “La escuela es una cosa natural. El pueblo niño vuelve a encontrarse ahí en su unidad; y es también una ceremonia el aprender; pero es necesario que el maestro sea un extraño y permanezca distante; en cuanto se acerca y quiere hacerse el niño, se produce el escándalo”.
Durante el tiempo de trabajo con niños y adolescentes, los maestros no dejan de establecer hilos sentimentales con sus alumnos. Es frecuente apreciar la congoja que sufren cuando las promociones con que trabajaron dan fin a su permanencia en la escuela. Carvallo sabe que eso es así, inevitablemente, pero levanta una advertencia: “El amor pedagógico es de algún modo abstracto. Se quiere a la infancia, a la juventud, a todos por el solo hecho de ser niños y alumnos nuestros. No es válido elegir solo a unos, y hay que cuidar nuestro subconsciente que anda buscando proyectarse y resucitar en algún otro yo” (p. 97). Este amor es una de las esencias de la profesión docente, de un oficio que “desgasta y cansa como ningún otro”. Sin embargo, Carvallo no idealiza a los maestros. Sabe, por experiencia personal, que, junto con maestros excelentes, hay profesores difíciles de tratar, autoritarios, díscolos, poco afectos al trabajo. Y tampoco idealiza a los alumnos. En las anécdotas que relata menciona a muchachos y muchachas que despiertan su aprecio pero cita también muchos casos que de veras lo impacientaron. Es la suya una visión realista de las cosas, y esa visión por momentos alimenta su perplejidad. Para él, la pedagogía y la teoría educacional son valiosas, pero limitadas.
Brindan orientaciones y derroteros, pero no tienen respuestas para todo. El maestro es un profesional conocedor de su oficio, pero frente a problemas inusitados tiene que reaccionar con respuestas novedosas. “Cada día tiene su afán” –dice la sabiduría popular- y eso es todavía más cierto en el quehacer docente. Por ello resulta tan fácil caer en la fatiga y, a veces, en el desaliento.”No hay método, no hay sistema –llega a decir Carvallo-, el buen maestro no tiene doctrina. Su difícil trabajo es, como el psicoanálisis de Lacan, ‘una aventura singular permanente” (p. 41).
Carvallo trabajó varios lustros dirigiendo el colegio Los Reyes Rojos y participó en un proyecto original vinculado a un club de fútbol limeño: ambas labores le permitieron tener relación con centenares de jóvenes. Tuvo por ellos la fe que debe caracterizar al maestro. Lo dice citando a Émile Cioran: “No podemos educar sin tener fe en el futuro, sin creer que ese niño puede ser mejor y vivir mañana también en un mundo mejor”. No obstante, hubo en su vida muchas ocasiones en que los estudiantes le ocasionaron disgusto y desilusión. Incluso tuvo que aplicar sanciones. Por eso dice: “No cabe duda que la educación debe reprimir, sancionar, prohibir. El niño robó, pegó, molestó, escribió groserías, agredió, contestó de mala manera…”; pero añade una advertencia que no debemos olvidar: “No importa lo que haya hecho; aunque se trate de los actos más graves, uno siempre debe esforzarse, al reprimir a un semejante, en negar la acción y no al niño” (p. 60). “Negar la acción, no al niño” termina por ser una valiosa norma de acción en una realidad que no deja de tener tonalidades grises.
Sin duda, Carvallo conoce bien lo que afirman las tendencias teóricas actuales en educación. Para él. “La inteligencia es el matrimonio entre la atención y la memoria” (p. 66), y hay en esto una huella indudable de lo que afirma la neurociencia en nuestros días. Siendo un educador atento a las voces últimas, Carvallo retoma sin temor ideas del “movimiento por la nueva educación” de las primeras décadas del siglo XX, de aquellos días de Montessori, Decroly, Makarenko, Dewey, Kerschensteiner y de otros educadores entre los que figura, en el mismo nivel, nuestro José Antonio Encinas. El rol del interés que fue tan notablemente destacado por la Escuela Nueva de entonces, es subrayado por Carvallo ahora que andamos ya por el siglo XXI, pero con un matiz renovador y realista: “La pedagogía de la escuela nueva insistía en el interés como motor de la voluntad de aprender. Y estoy de acuerdo, pero no hay que hacer de esto un dogma. Y es que se trata de, precisamente, saber aburrirse, de postergar la satisfacción y ser capaz de caminar por el árido camino del esfuerzo”. Para interpretar rectamente esta idea conviene complementar la cita con otra del mismo libro: “El filósofo francés André Comte-Sponville lo ha dicho: ‘No se trata de reemplazar el esfuerzo por el placer sino de enseñar a los alumnos a obtener placer en el esfuerzo’. De lo contrario, el maestro se verá obligado a divertir, a entretener, a buscar formas lúdicas de hacer tragar la píldora” (pp. 44- 45).
Para Carvallo, que llegó a ser un maestro querido y admirado por sus alumnos, la acción más importante no es la individual sino la ejercida por la escuela como totalidad. “Más que el maestro, quien educa es la escuela, su clima, su atmósfera. Y esta depende en buena medida de las relaciones que mantienen los maestros. Es necesario formar un equipo que comparta los mismos fines y los medios” (p. 81), es decir, que comparta el mismo proyecto educativo. Eso fue Los Reyes Rojos; un camino compartido por los docentes, maestros y padres de familia, dirigido por mano segura por un director que, en lo profundo de su ser, sufría muchas incertidumbres. Sería por eso que su libro tiene una palabra tachada en el título ‘Diario educar’ y un subtítulo que es una confidencia en voz alta: “Tribulaciones de un maestro desarmado”. Y no se sabe bien si esto último hace mención de las pocas fuerzas que llega a tener un maestro frente a su labor en la escuela, o lo poco que puede hacer la escuela en una sociedad insana, que lleva a Carvallo a preguntarse “¿Sirve para algo la educación? ¿Puede enfrentar esas fuerzas grabadas con fuego no sé donde, acaso en el corazón de las personas?”.
Muchos son los temas que han suscitado la reflexión de Carvallo: el papel del cine, el valor de la educación física, los linderos de la educación moral, el terrible poder de la exclusión, el daño que hace la evaluación mal entendida, el compromiso del maestro, la importancia de la transmisión como un rol del docente, la intervención de los padres, la escuela y el hogar, y muchos más. Y todos los ha abordado compartiendo con nosotros sus certezas y sus dudas, con insobornable honradez intelectual. En todas las páginas se respira sinceridad, hasta en aquella donde expresa una terrible premonición, que lamentablemente se hizo cierta muy temprano: “En estos años se me ha terminado el sentimiento de inmortalidad, que me acompañó hasta antes de pasar los cuarenta, he aceptado no solo que voy a morir, que ya estoy a tiempo. (...) Evito pensar en ello, pero veo que ahora actúo sabiendo que no estoy libre de un infarto ni de una operación a corazón abierto". Como leve consuelo frente a su muerte temprana podemos decir de él, en su homenaje, lo mismo que escribió Antonio Machado cuando España perdió al maestro Francisco Giner de los Ríos: “¿Murió?... Solo sabemos / que se nos fue por una senda clara, / diciéndonos: Hacedme / un duelo de labores y esperanzas”.


Lima, diciembre de 2008


[1] En muchos textos de homenaje se habla simplemente de Constantino. No puedo hacer lo mismo, pese a la admiración que siento, porque no llegué a ser su amigo. Solo tuvimos una relación fugaz un día que fui a su colegio, a sostener un diálogo con los profesores de Lenguaje.

Sunday, June 21, 2009

La voz de Alberto Pizango: sobre el pensamiento político del pueblo indígena

Entrevista exclusiva e inédita con Alberto Pizango, Presidente de AIDESEP




La presente entrevista fue realizada en noviembre de 2008 al licenciado Alberto Pizango Chota, Presidente de la Asociación Interétnica de la Selva Peruana (AIDESEP) para ser publicada en una revista que no llegó a salir aún; es decir que fue hecha mucho antes de los sucesos de junio de 2009. Su importancia radica en lo que revela y en esa anticipación, precisamente.
Consideramos de interés su divulgación, por ser muy ilustrativa de lo que es el pensamiento real de un importante dirigente, sobre el que cierta prensa ha mostrado su total incomprensión y, al contrario, llenado de vituperios y acusaciones falsas.
Este es entonces, con su propia voz, el pensamiento de quien con dedicación y disciplina y auténtica vocación de paz, ha encabezado y representado las demandas del pueblo indígena amazónico y, a través de ello, de todo el pueblo del Perú.


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ALBERTO PIZANGO: "LOS PUEBLOS YA APRENDIERON A HABLAR CON SU PROPIA VOZ"
Entrevista por David Roca Basadre


Mucha gente dice que detrás de los movimientos sociales, incluyendo los movimientos indígenas, están partidos políticos y quieren saber cuáles son estos, qué siglas se ocultan detrás de los movimientos de resistencia. He visto incluso a un periodista tan avisado como César Hildebrandt preguntarse eso…

Sinceramente, yo diría más bien que detrás de todo esto hay quienes están esperando que algo pase para ponerse delante y aprovecharse del escenario coyuntural, para salir a la palestra, y esto ya lo ha demostrado cierto dirigente político muy conocido, con muchos votos, quien se metió así nomás sin esconder nada ni que lo llamen; aunque también hay otros detrás que buscan aprovecharse, pero no quieren aparecer. Sin embargo, es verdad que los pueblos tienen que organizarse más para poder salir adelante, solos y mejor. Y creo que ahora es el momento oportuno para hacerlo y orientar el camino hacia un desarrollo armónico.

¿Por qué ocurre que suponen alguna sigla, un grupo político detrás?

Es que la gente que siempre ha dirigido todo cree que a los pueblos los van a dirigir siempre, les van a seguir tapando el sol. Pero ya cambió eso, los pueblos ya tienen su voz, ya no es el tiempo en que otros hablen por ellos, los pueblos ya aprendieron a hablar con su propia voz, ya aprendieron a decir qué es lo que los afecta y no necesitan de otros. No hay peor ciego que el que no quiera ver. El nuestro es un mosaico cultural y los pueblos son los que se movilizan, cada uno a su manera. Yo puedo hablar por la Amazonía, y pues yo digo ¡cuánto quisieran tener esa convocatoria! Si detrás de eso hubiera siglas de partidos políticos, como se pregunta el periodista, ¡qué grandes y fuertes serían! Pero no hay siglas detrás, son los pueblos los que se han movilizado, ellos mismos, por su propia iniciativa y organización.

¿Sin ayuda de nadie?

No han necesitado de nadie, ellos solos se han autofinanciado, es la verdadera lucha porque ya están ahogándose prácticamente, se les está matando, o sea que tienen que poner lo último que tienen, porque la lucha es por la vida. No es un grupito que está mandando y cree que va a controlar, que cree que al pueblo se le puede manipular, eso ya no es, no puede ser. Los pueblos amazónicos ya no los necesitan. Por eso los amazónicos están sufriendo al gobierno, porque no tiene política para los pueblos indígenas. La Constitución Política está por el suelo. ¿El Estado peruano es para quién? Los pueblos le han dicho a ese Estado que somos soberanos.

Primera vez protagonistas los amazónicos, desde Juan Santos Atahualpa creo, ¿por qué es esto? ¿Cómo se da este proceso?

Nosotros nos organizamos desde hace 28 años, venimos desde las comunidades, desde la visión de los pueblos y cuando decimos visión no decimos soñar, también es pretender, alcanzar lo que vemos, la visión es la redención de cómo es el panorama que miran los pueblos, de lo que viven. Y cuando ven que ya esta siendo deteriorado por la intervención de otros, eso les entristece.

¿Cuál es esa visión?

La visión de los pueblos es la libertad, en el territorio donde habitemos como dueños, la verdadera gobernabilidad se trata de cómo es que como seres humanos nos tratemos, soberanos del lugar en que se puede vivir. No es esta visión de desarrollo que trata de atropellar, no es esa. La visión de los pueblos es cómo hacer para seguir viviendo bien y eso significa cumpliendo nuestros deberes también. Y si propugnamos territorio, si decimos territorialidad, hablamos dentro del territorio nacional. Pero nosotros decimos también, en el Perú ¿se responde a políticas del Estado o a políticas públicas de gobierno? La respuesta es que se responde a políticas públicas de cada gobierno, porque el que viene hace lo que quiere de acuerdo a su conveniencia partidaria.

Para alcanzar esa visión, ¿es necesaria una alianza mayor?

Es una posibilidad que debemos trabajar. Y no es que se necesite espacio, los pueblos ya tienen ese espacio, allí viven. Lo que está pasando en Bolivia es el producto de lo que los pueblos están creando. Y eso es lo que AIDESEP está diciendo, junto a otros hermanos. Nosotros no queremos ser gobierno de los pueblos sino que queremos ser los que cumplen los mandatos de todos: es diferente ese escenario. Y ese es el espacio que se debe viabilizar. Yo así le veo ahora, simplemente hay que conquistar espacios de donde se despoje a los otros grupos de los intereses personales o político partidarios, y estos van a quedarse, como se van quedando los grupos políticos, de izquierda o de derecha, porque su accionar ha fracasado y los pueblos los conocen, porque ya probaron todo eso, no ha dado resultado. Producto de esto, de una experiencia como esa, es lo que ocurre en Bolivia.

Pero los indígenas son el 30% de la población aproximadamente…

En el Perú, donde es verdad que solo el 30% es indígena, sin embargo cuando empecemos a conocernos como género humano, es decir que no importe ya que sea blanco, amarillo, negro, indígena, lo que sea, y sea el pueblo mismo, el que diga “esto es lo que se va a dar” o “esto es lo que se debe hacer”, cuando llegue eso es que el Perú hará historia para todos, y ese Perú es el que quisiéramos ver, ese es el proceso que hay que apoyar, yo estoy convencido.

Noviembre de 2008

Tuesday, June 16, 2009

Articulista invitado: Heinrich Helberg Chávez
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ES FACIL ACABAR CON LA POBREZA, SI SE TIENE VOLUNTAD
Por Heinrich Helberg Chávez
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I. Introducción
Antes del 5 de junio ya sabíamos que la situación indígena en el Perú es causa de una honda preocupación internacional, porque el país demuestra un déficit importante respecto al tratamiento que los gobiernos dan a los pueblos indígenas, los pobres de los pobres, en relación con los países vecinos, pero también respecto a las deficiencias en la aplicación de los tratados internacionales.
Las Naciones Unidas, los organismos internacionales, la comunidad científica mundial, la cooperación internacional y los organismos multilaterales como el Banco Mundial, todos han mantenido una actitud expectante de observador crítico. Justamente el 4 de junio, un día antes del trágico enfrentamiento en Bagua, la Defensoría del Pueblo difundió una nota de la Presidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, Victoria Tauli Corpuz, advirtiendo al estado peruano que evitara “cualquier acción, como la intervención militar que podría acentuar el conflicto”, pero fue desoída por el Gobierno peruano como si desconociera las características del pueblo awajún, como si no hubiera podido medir las consecuencias de su decisión, con los trágicos resultados que demuestra por enviar una intervención policial que obviamente desencadenó una matanza. Esto solo puede haber sucedido por desinformación antropológica del Gobierno Peruano, al desconocer con quién estaba tratando, o por su incapacidad ética y política, al no saber medir las consecuencias de la intervención policial, que ha terminado por polarizar más a los ciudadanos peruanos.
Lo ocurrido en Bagua el 5 de junio denota una ignorancia de las características del pueblo awajún y su ímpetu guerrero en quienes tomaron la decisión. Obviamente enviar una delegación policial era una provocación, porque la policía no va a negociar, no es la instancia para eso, va a imponer, y la única salida posible cuando se negocia con la policía es ceder ante la presión del estado. Quizá eso hubiera sido sabio. Pero eso no puede esperarse de un pueblo dispuesto a luchar porque se respeten sus derechos reconocidos y establecidos, cuando éstos no se aplican o se recortan, — y esa ha sido lamentablemente la política de este gobierno. Muchas veces los antropólogos hemos advertido y explicado los riesgos de violencia en esta zona a los funcionarios del estado, pero obviamente fuimos desoídos.
El problema en este caso, es que se enfrentan dos derechos distintos, el derecho consuetudinario indígena, respaldado por una Declaración de las Naciones Unidas y un Convenio internacional, ambos firmados por el Perú y el derecho nacional, que minimiza y distorsiona los derechos indígenas reconocidos, y que en este caso el gobierno quería ajustar o reducir aún más, de manera solapada y engañosa, repartida en múltiples artículos aparentemente inconexos. La consecuencia previsible es que las medidas del estado van a generar más pobreza, en este sector de la población, pues va a descapitalizarlos al disponer de sus bosques y ríos para favorecer a la economía de la globalización: empresas mineras, petroleras, agricultura industrial, etc. Esos son generadores de riqueza para el país, entiéndase el gobierno, pero no para la población local que requeriría de otras medidas para su desarrollo.
Esta preocupación internacional sobre la situación indígena en el Perú, es relevante porque la discriminación étnica, ya antes del 5 de junio, compromete uno de los derechos humanos, a no ser discriminado por razones raciales, culturales o de orientación sexual. Y ese derecho humano está siendo obviamente violado por el conjunto de la sociedad peruana, pero también por los gobiernos, que son producto de esa sociedad. Las reacciones exacerbadas, pidiendo venganza, inferiorizando y calificando a la gente awajún de “salvajes y crueles” son prueba de ello. Hablan como si no hubiera habido una sobrerreacción militar, muy evidente en el abuso de poder, con la intervención de al menos una tanqueta y helicópteros, que es responsabilidad del Gobierno Peruano. Es decir, como si el estado y la sociedad peruana no fueran capaces de violencia y hasta de aplaudirla y sentirse satisfechos.
Si algo se deja confirmar una vez más sobre la estructura social del Perú es entonces que la sociedad se organiza por una estratificación étnica de exclusiones jerarquizadas. Y eso significa que consciente o inconscientemente estamos siendo administrados por el racismo.
Lo llamativo, para quien analiza los antecedentes, es que los gobiernos del Perú, desde la década del cincuenta, hayan desistido de cualquier política social, y por lo tanto se han contentado con convivir con el racismo en todas sus formas y al hacerlo se han hecho cómplices, porque no han querido revertir el estado actual de las cosas. No conozco ninguna campaña oficial antirracismo en el Perú, ni del estado, ni de los colegios profesionales, ni de las universidades, ni de la fuerza armada. Sí ha habido muchos proyectos de la cooperación internacional que han trabajado el tema de la exclusión y también la iglesia tuvo una campaña “Compartir” y muchas declaraciones sensatas y oportunas. Esto no quiere decir que el racismo o su forma cultural, el etnocentrismo, hayan sido políticas expresas de gobierno, eso sería ir muy lejos, pero cuando se ha tratado el tema de la exclusión, esto ha sido de una forma más bien tímida como parte de las políticas de estado, por ejemplo, en los sectores de educación y salud, con resultados nulos o insignificantes, y que fácilmente entran en contradicción con las políticas de otros sectores.

II. La pobreza es una visión externa
La diferencia entre riqueza y pobreza, en términos económicos, que para el mundo occidental es muy evidente, sin embargo no se aplica a los pueblos indígenas amazónicos, sino solo en relación con la economía de mercado y con la sociedad nacional. Como es sabido, en las lenguas indígenas la palabra pobre, si existe, se refiere a estar desvalido, es decir, a ser huérfano, a no tener parientes o sufrir algún impedimento físico. En sociedades como éstas donde la herencia no existe y no hay forma de acumular bienes, que todos producen más o menos lo mismo y que todos trabajan físicamente para sostenerse, la diferencia entre ricos y pobres no tiene ningún sentido ni aplicabilidad. Es más, en muchos pueblos existen además costumbres que nivelan las diferencias personales en talento o habilidades de la caza, el producto más importante en los intercambios de presentes, impidiendo, por ejemplo que el cazador consuma de su propia presa, de manera que tiene que regalarla, y comer de lo que a él le regala. Esta costumbre se relaciona con los alter egos animales que tiene la humanidad, y que trataremos más abajo.
En consecuencia, para los pueblos indígenas amazónicos solo se puede ser pobre o rico en relación con otras culturas y otros estándares de vida: “Así nos ven”, dicen. Pero ellos no se ven pobres en sus casas aireadas, que no son de material noble, sino de finas maderas, y con techos de hoja de palmera, que echan sombra fresca, a diferencia de la calamina, que irradia calor. Y toman el agua de sus quebradas y no de tuberías y con cloro. Hay países como Alemania que no usan cloro en su agua potable porque cuidan sus fuentes de agua, pero lo que allá es una cualidad aquí es un defecto. El problema es que esos otros estándares generalmente han sido generados en otros ambientes y sistemas ecológicos y resultan poco aplicables en la Amazonía, o son objeto de resistencias culturales y otros problemas adicionales. Hay que cuidar que no sean además humillantes y que descalifiquen al otro. En mi caso he llevado agua de las quebradas de mi comunidad de Shintuya en Madre de Dios a analizar a la OPS y el resultado fue que estaban asombrados de la calidad de esa agua, que era casi potable, a pesar que la guardé 15 días antes de llevarla para que la analicen, pensando que era la causa de las diarreas. De manera que mi discurso que era la mala calidad del agua lo que causaba las diarreas tuve que tirarlo al trasto de basura.
Es necesario además caer en cuenta que los procesos que generan la pobreza se dan en la relación con la sociedad nacional, y es ésta la que induce la pobreza real de estos pueblos, por ejemplo porque:
· Los servicios públicos de salud y educación no son pertinentes desde el punto de vista cultural y la gestión de la educación con contratos de 9 meses para los maestros genera una inestabilidad laboral que impide cualquier mejora pedagógica. En todo se impone la lógica de estado: en el currículo unitario (que se dice que es diversificable pero no lo es), en la formación unitaria del docente y en los materiales didácticos. De esta manera el estado se apropia de la educación y escamotea el derecho de los padres a criar a su manera a sus hijos. Y ahora quieren imponer la educación inicial para que todo empiece más temprano todavía. Si se quisiera hacer las cosas mejor, eso demandaría una gran inversión.

· La legislación no reconoce legalmente los servicios educativos y de salud comunales que surgen de la iniciativa propia y así se invisibilizan; pero existen y las comunidades logran todavía que sus hijos sean miembros plenos de su cultura. Es decir, tienen mucho más éxito que los servicios estatales. Pero sus logros no son reconocidos: no hay un sistema de certificación profesional en base a la educación comunal, por ejemplo como guía de río o de bosque. Recordemos asimismo que el 90% o más de pacientes en el Perú acude a la medicina tradicional y no al médico. Pero solo la medicina académica está reconocida legalmente, la otra solo se la tolera y a veces se la persigue.

· La cultura predominante constantemente inferioriza a las culturas indígenas, a sus sistemas de conocimiento y a sus sistemas de validación de conocimiento, y en consecuencia los subutiliza o ilegaliza (no reconoce el ejercicio de la medicina tradicional; somete la comprobación de los efectos curativos de las plantas medicinales a procesos sumamente costosos y totalmente en manos de la industria farmacéutica, que resultan en un provecho económico mínimo o nulo para los indígenas que dieron la idea inicial); de esa manera se impide que los pueblos indígenas puedan vivir de lo que realmente saben hacer y que el mundo demanda, pero el Perú no reconoce y facilita su uso.

· La estructura de mercado es etnocéntrica y eco-céntrica; los productos artísticos de los pueblos indígenas amazónicos no tienen demanda nacional y los productos comestibles amazónicos tampoco. Por lo tanto su precio es muy bajo en el mercado. Eso parece un hecho neutral, pero no lo es. Porque es el resultado de la política educacional del país: nadie sabe nada de los pueblos del país. Nos desconocemos, y por lo tanto no podemos apreciarnos y menos pagar un precio justo por lo que no conocemos ni entendemos.

· La legislación no protege efectivamente sus territorios, recursos y propiedad y por lo tanto no pueden movilizarlos como su capital para la construcción de su propio futuro. En la Amazonía no es el suelo, ni el terreno lo valioso, no se entiende por qué la legislación habla de suelos, cuando es el bosque parado el que vale. Este es el punto principal, porque la identidad de un pueblo y de su gente está en sus bosques y sus ríos. En el mundo occidental las personas reciben su identidad solo de la sociedad en que viven, en los pueblos indígenas la identidad es doble: hay una social y otra natural, un alter ego (otro yo) que vive en el monte. Desde su conformación como personas, pues tienen los elementos para manejar adecuadamente el medio ambiente, y su salud y bienestar psicológico depende de esa interrelación. Esa es la relación especial con los bosques y ríos que ya hace más de cincuenta años la ciencia (no solo la antropología), las instituciones internacionales, las empresas y todo el mundo reconoce y respeta, quizá porque en el futuro vamos a tener que implantar algo así para todos.

· Sus territorios ancestrales son convertidos en un mosaico de territorios mínimos de supervivencia, por medio de una traducción del derecho consuetudinario a un derecho comunal, y el resto del territorio es declarado “de libre disponibilidad por el estado” para colonizaciones o concesiones forestales, concesiones mineras, petroleras o agricultura industrial. Pero los indígenas no han sido debidamente consultados ni compensados, lo que equivale a un despojo legalizado. Esto, a pesar de que el Convenio 169-OIT les confiere un derecho sus tierras y sobre el subsuelo, y por lo tanto participación en la ganancias. Pero el estado prefiere no normar la aplicación del Convenio y así quedarse con todo y disponer a su antojo de los ingresos; eso lo llama “soberanía”. Pero es la forma como se genera pobreza donde antes no la había.

· La carencia de una institucionalidad democrática suficiente invisibiliza a los pueblos indígenas dentro de la administración pública, y no permite que existan las instancias de autogobierno de pueblo que tomen las decisiones correspondientes sobre sus recursos, sistema de salud, educativo y de derecho. Las comunidades nativas, por así decirlo flotan en la nada, no son parte de la administración pública, ni distrito, ni provincia ni región, ni nada, tienen que valerse por sí mismas. Si a algo se parecen es a una organización sin fines de lucro (ONG). Claro que se diferencian de las ONG, porque tienen sus tierras, pero solo las de aptitud agrícola, que será el 2 o 3% de lo que ocupan, el resto lo reciben como cesión en uso forestal, es decir prestado. Y casi ninguna está inscrita en Registros Públicos, de manera que no tienen asegurada su propiedad.

· Esto es, donde tenemos regiones, departamentos y municipios, también se requiere un ámbito administrativo de pueblo indígena. Mientras el mundo admira que los pueblos amazónicos hayan manejado de forma sostenible el bosque, - si no estaría como está, porque todo está manejado, en el Perú no les damos la oportunidad de manejar el bosque de forma ambientalmente adecuada y por lo tanto no aprovechamos de sus conocimientos y habilidades, justo en un punto donde el mundo necesita a los indígenas para frenar el cambio climático o al menos mitigar sus efectos. Es decir el Perú no está cumpliendo con su misión estratégica de conservar el medio ambiente, por falta de visión de sus gobiernos. Y eso es motivo de preocupación también en los organismos internacionales y puede provocar reacciones fuertes.

· La traducción del derecho consuetudinario al derecho comunitario distorsiona por lo tanto los derechos reales y los minimiza. Resultado: impedimos que la creatividad de los pueblos produzca su propia forma de desarrollo, en interacción con la cultura universal. Cuando alguien se defiende, se inmoviliza y no puede desarrollarse libremente.

· Los procesos de planificación pública no son conducidos desde la perspectiva de un pueblo indígena, y por lo tanto los proyectos y obras que generan son tangenciales a la perspectiva de pueblo. El Convenio 169-OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas son boicoteados a pesar de los Presupuestos Participativos, porque allí se trata de la ejecución de obras de estado, no de planificar el destino de los pueblos indígenas y de proveerlos para su futuro. En consecuencia no se cumple con la legislación internacional.
· El Gobierno Peruano no ha creado un solo proyecto de desarrollo que apoye a los indígenas amazónicos: todos los proyectos que apoyan a los indígenas amazónicos son de la cooperación internacional o bilateral. Eso es también una forma de discriminación.

· El interés público está definido por proyectos nacionales etnocéntricos, que se orientan y ponen al servicio de la globalización como cultura del poder. Todo el sistema educativo peruano, por ejemplo, es etnocéntrico, porque lo que el Ministerio de Educación practica y considera de interés nacional es que todo peruano adopte la visión científica del mundo y la fe católica. Ese es el bagaje cultural mínimo de cada ciudadano peruano debería tener.
Esto es surrealista, porque está totalmente alejado de la realidad peruana y mundial. En los centros de producción científica y tecnológica se vive desde los años ochenta una situación particular. Las reflexiones sobre epistemología (la teoría del conocimiento) han cuestionado el fundamento racional tradicional de la ciencia y por lo tanto estamos en una etapa de transición y de cambios. Los modelos de ciencia se orientaban tradicionalmente por la mecánica de la física, pero hoy día la biología y la ecología, que se ocupan del sistema de vida del Planeta Tierra generan otros modelos y concepciones, al igual que algunas ciencias humanas. La ecología, por ejemplo ha generado la política de conservación como la antropología ha generado a la política intercultural. Solo que la casta política en el Perú parece no haberse enterado de estos cambios.
Sería una locura deshacerse de la ciencia y de la tecnología, pero tampoco podemos confiarnos de ellas: el diálogo con otras culturas y otras posibilidades de ordenar y generar conocimiento están abiertos. Esta sería una gran oportunidad para el Perú, para fomentar una investigación intercultural, pero el Ministerio de Educación no ha seguido estas sugerencias e insiste en su currículo monolingüe y monocultural con foto del Presidente de la República, y ya se olvidó de la propuesta de un currículo nacional intercultural del 2003.
De otro lado, la idea que la nación pueda encontrar su punto de encuentro en una fe o una moral, cualquiera sea ésta, es imposible de alcanzar en un país multicultural, ni quinientos años después de la conquista. Además es una idea totalmente superada desde la Revolución Francesa. Un estado necesita ciudadanos y no creyentes.
El diálogo intercultural abierto a la comprensión y el aprendizaje mutuo son la única opción de constitución de un modo de convivencia, por lo que insistir en otras vías es solo pérdida de tiempo y voluntad de fracaso, a sabiendas. Eso significa que todos los peruanos tienen que aprender a tomar distancia de sí mismos, a suprimir sus reacciones emocionales inmediatas, para poder pensar por el otro, ponerse en su lugar. Y solo a partir de ese momento, de la empatía con el otro, es que somos políticos con un enfoque intercultural. Todo lo previo no son sino auto justificaciones – cuando nos atrincheramos para defendernos en nuestra cultura y nuestra moral. Pero eso no sirve de nada porque no hace progresar el diálogo y solo el diálogo puede llevar a la comprensión y a los acuerdos. Hay que recordar que sentirse dueño de la razón no es ser dueño de la razón; es casi su opuesto. Los consensos hay que construirlos, no imponerlos. El ejercicio de la autoridad, de donde venga, legal, eclesiástica, etc. no es un buen consejero.
En el Perú el enfoque intercultural no ha sido asumido por los organismos del estado sino de manera muy superficial e incipiente. Véase lo que ha hecho el sector salud, por ejemplo, para esconder sus mismos programas de siempre, bajo ropajes interculturales nuevos. No he visto un programa de salud, que parta del sistema indígena, y que ubique allí el lugar de apoyo de los servicios estatales o cuando es necesario abrirse a otras medicinas. Ese sería el enfoque correcto.
· La propiedad intelectual colectiva de pueblo indígena puede registrarse solo para una fracción de sus conocimientos, para los usos de recursos bióticos, y esto de manera bastante restrictiva, solo si no ha sido estudiada antes, cuyos autores, con poquísimas excepciones se apropiaron o plagiaron conocimientos indígenas. Pero sus conocimientos sobre terapias, manejo ambiental, manejo de especies, la literatura oral, el diseño y artes no están protegidos. Actualmente, por ejemplo, el uso de los diseños shipibo por quien se le venga en gana es totalmente abusivo. Por lo tanto el uso de estos conocimientos e ideas está expuesto al plagio y no representa ningún capital. Y por supuesto son pocos, muy pocos los esfuerzos de quienes los han puesto a trabajar para los pueblos indígenas mismos. Pero este es el reto para la sociedad peruana.
Hay que señalar que para la ciencia el conocimiento, la tecnología indígena y el diseño indígena es el mayor aporte de la sociedad nacional a la cultura universal, y este podría ser fuente de riqueza si se le protege y desarrolla adecuadamente. La investigación científica intercultural debería ser la fuerza productiva principal del país, pero el negocio de las universidades está en formar a jóvenes que necesitan integrarse a la vida económica del país o del extranjero y así casi no hay espacio para la investigación ni para ocuparse del desarrollo del país. Pero casi todos los gobiernos no se han dado cuenta, que la tecnología indígena es casi lo único que tenemos y los que se dieron cuenta se enfrentaron con tal avalancha de críticas, que finalmente desistieron en el intento.

III. Profundizando algunos temas
· En consecuencia, el estado no ha creado las condiciones legales y reales para una mejor articulación de la diversidad cultural a la sociedad mayor y al estado. Las carencias de los servicios públicos y la legislación inadecuada o tendenciosa los ve luego reflejados en las estadísticas de la pobreza, pero como si fueran las circunstancias de vida de esas personas las responsables de su pobreza. Esto implica un traslado de responsabilidad del estado a los pobres, que en este caso es un espejismo. Reconocer esto es importante, porque significa ubicar correctamente las causas de la pobreza, si queremos hablar de ella y luego combatirla. La pobreza no se ubica en las características culturales de los pueblos, sino en las condiciones legales y reales perversas que impone el estado y la sociedad peruana a la convivencia con los pueblos indígenas.

· Esto quiere decir, el problema fuerte no son los pueblos indígenas, sino las sociedades y los estados en que viven.

· Obviamente hay condicionamientos adicionales a revertir en los mismos pueblos indígenas, si se quiere superar la pobreza, entendida como modo de articulación deficiente o que inferioriza al pueblo indígena. Una de esas condiciones es el desconocimiento de las opciones positivas para la convivencia y el desarrollo que sí ofrece la cultura occidental. Otra es la necesidad de contar con una visión y formas de organización propia para generar su propio desarrollo, con o sin reforma constitucional, para generar equivalentes a regiones que correspondan a territorios indígenas o a las alianzas políticas que ellos propongan hacer. Es decir, la división política del país tiene que hacerse con criterio geopolítico, de quién quiere con quién y cómo. El uso de criterios geográficos y económicos exclusivamente lleva a unidades políticas inviables; ese ha sido el error de los procesos de descentralización y hay que corregirlos. Es lógico que la división política se base en criterios políticos, y los pueblos indígenas son unidades políticas que es necesario considerar.

· Es necesario también reconocer que la autonomía de pueblo no es solo un acto jurídico, la autonomía de pueblo se construye en el ejercicio cotidiano de la reflexión crítica. Eso implica compensar el déficit de planificación a futuro de los pueblos indígenas tradicionalistas, y que esos procesos deben ser autónomos. Sin procesos de planificación estratégica autónomos no se satisface el mismo concepto de desarrollo. El desarrollo impuesto no es desarrollo; con-vencer no es convencer.

· En conclusión, en el Perú la estratificación social sigue siendo étnica, y esto lo confirma la experiencia por todos lados. La sociedad peruana sigue siendo administrada por el racismo, que es un pésimo administrador porque inferioriza, deprime y despotencia. El racismo es una de las causas profundas de la pobreza en el Perú.

· Este ha sido y es un tema delicado en el Perú, que hiere muchas sensibilidades. Parte del problema es que la opinión pública peruana carece casi totalmente de cultura antropológica, porque en el Perú se enseña en las escuelas algo de las culturas ancestrales, pero nada de las actuales.

· En el Perú, el derecho tradicional indígena lo traduce la Constitución a un derecho comunitario moderno, y esa traducción a las comunidades campesinas y nativas es sumamente deficiente, puesto que no refleja los derechos reales, que son los ancestrales y que anteceden a la creación del estado peruano, y que sí reconoce el Convenio 169-OIT y también algunas constituciones políticas anteriores. El derecho peruano recorta y distorsiona el derecho consuetudinario y divide a un pueblo en comunidades. Por ejemplo, reduce el territorio de un pueblo que permitía una planificación espacial y el manejo ecológico de los recursos, a un área de supervivencia mínima de un asentamiento de un pueblo indígena, que se convierte por ficción legal en comunidad, como si un asentamiento fuera una unidad política de un pueblo. Pero lo cierto es que los asentamientos indígenas siguen su propio patrón de asentamiento cultural. La dinámica poblacional indígena no se deja traducir a estas comunidades estrechas. Y así se seguirán partiendo y creando nuevas ad infinitum.

Pero peor es cuando se sedentarizan. No es así que entonces empieza el progreso, porque ahora tienen escuela y posta médica. Lo que empieza es que una comunidad sedentaria acaba pronto con los recursos de su entorno inmediato y se empobrece y se desnutre. En otras palabras la pobreza la induce la legislación peruana y su equivocada traducción a un derecho comunitario.
La intención política en el momento de creación de las comunidades nativas fue darles territorios mínimos de supervivencia, y declarar el resto de “libre disponibilidad para el estado”. Tal libre disponibilidad es por supuesto ficticia, y esto lo sabe todo el mundo, incluyendo a los organismos internacionales que guiados por el estado actual de conocimientos sí reconocen los territorios indígenas ancestrales. Todos sabemos que las comunidades cazan, pescan y realizan sus migraciones tradicionales fuera del ámbito de sus comunidades, porque los necesitan. En consecuencia hay problemas con la creación de áreas de conservación, con concesiones forestales, mineras y de todo tipo, porque se genera superposición de derechos.
El hecho es que la minimalización de derechos “a la peruana” no puede impedir que las empresas y las instituciones internacionales sí reconozcan los territorios indígenas tradicionales porque tienen que dar cuenta del cumplimiento de los tratados internacionales ante sus países de origen y sus accionistas.
El asunto se agrava para los pueblos indígenas cuando empieza la extracción maderera, del petróleo, la minería aurífera, la venta comercial de carne de monte y peces secos y salados en las comunidades. El mercado succiona los recursos, que debían de usarse para su propia alimentación de manera sostenible, y se malbaratea el resto. Al final los indígenas se quedan sin recursos y sin dinero. En otras palabras, la mala inserción en la economía de mercado y de la globalización es la que produce pobreza.
· Antes de eso, los pueblos indígenas no eran ni ricos ni pobres, la oposición no se aplicaba en una economía tribal, como hemos dicho, porque no hay acumulación, cada familia produce más o menos lo mismo y todos trabajan manualmente para su sustento. Y sin medios de acumulación nadie puede tener más que otros y todo lo que dispone una familia depende de su trabajo; no puede heredar nada. Y por eso es que la aplicación de estos términos es inadecuada para los pueblos indígenas con economía tribal.

· Pensar que son pobres es sumamente etnocéntrico y hasta ecocéntrico, es decir, no toma en cuenta que cada sistema ecológico tiene formas de adaptación humana propias, una lógica propia que no se puede trasladar de un sistema a otro, porque allí carecen de uso o sentido las facilidades o bienes que se toma por indicadores de pobreza o riqueza. Por eso las organizaciones indígenas no se cansan de reír y protestar contra los indicadores de riqueza y pobreza que usan los estándares de medición de calidad de vida nacionales e internacionales. Ese tipo de pobreza, es una pobreza inducida de fuera, que no les va ni les viene. Su lucha es otra.
· ¿Cómo ven la situación los pueblos indígenas? Pues, que evidentemente han sido despojados de sus territorios y recursos, y que eso genera en su forma de pensar educada para el intercambio equitativo, una deuda. La deuda no es solo económica, el tema económico es un tema derivado de otro principal, que es político. Desde la Bula del papa Alejandro VI, el papa Borgia, que despojó a los pueblos de América de su autonomía y donó la integridad de los territorios americanos en nombre de Dios a los reyes de Castilla y Aragón y a sus descendientes por todos los siglos, creando así un nuevo estatus jurídico, recién la última Declaración de la Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, que el Perú ha firmado, vuelve equilibrar esta situación otorgándoles la autonomía de pueblo.

· Todo el enfoque de reducción de la pobreza trabaja por lo tanto con una pobreza inducida, que depende de la anexión a la economía de mercado, y que por lo insignificante de la anexión, no es mayormente asumida por la población indígena y no cambia la visión que tienen de sí mismos como gente auto suficiente. Decimos que son pobres porque no tienen una educación universitaria, o porque no pueden hacerse préstamos bancarios, y efectivamente, es así, pero eso no decide su horizonte de vida.

· Muchas veces sin embargo, son pobres porque se invisibiliza sus soluciones a la vida y sus instituciones. Por ejemplo: son pobres porque no van a la escuela pública, pero dejamos de lado la educación familiar y comunal que sí tienen, y que sí produce miembros productivos válidos, y que podría convertirse en una educación privada, si se la fomentara adecuadamente con un poquito de esfuerzo y convicción. Nadie puede enseñar a ser curandero, por ejemplo, sino un pueblo indígena. Decimos que no tienen servicios de salud, pero olvidamos que más del 90% de los pacientes indígenas, y también de los no indígenas, acuden a un curandero, y que sí tienen uno de los servicios de salud más efectivos y mejor estudiados del mundo. Y en las ciudades peruanas “todos” nos auto medicamos y eso no se considera pobreza.

· A nadie se le ha ocurrido pensar que un joven indígena sabe de memoria decenas de horas de su literatura oral, pero que si encontramos a un solo ciudadano en el mundo hispanohablante que sepa de memoria el Don Quijote, sería un milagro, pero nos atrevemos a llamar iletrados a los indígenas, porque no saben leer y escribir, mientras que nuestros letrados, si saben llenar una ficha en un aeropuerto es mucho. El indicador de cultura es la forma de transmisión de cultura, no el contenido de la cultura. Y entonces uno se pregunta: ¿No estaremos siendo muy unilaterales en el uso de indicadores?

Es curioso que la ciencia esté tan interesada en el conocimiento y evaluación de las plantas medicinales y de la conducción sico-somática de la enfermedad indígena, pero que no se considere pobres a todos aquellos en el mundo occidental, que teniendo síntomas sico-somáticos no tengan un curandero a su costado para ayudarles en ese trance, en el que muchas veces su medicina académica no puede ayudarles. El tratamiento sico-mágico hay que compararlo con el efecto placebo y con el efecto nocebo. Los antibióticos con las plantas medicinales por ejemplo – hay que mantener la equidad en las comparaciones. Y si procedemos así, veremos que el éxito depende del tipo de terapia para este síndrome, más que de quién la aplica o de las ideas que se hace al respecto.

· Como es fácil reconocer, entonces todo el tema de la supuesta pobreza de los más pobres, los indígenas, está manipulado, y que si se hiciera una evaluación limpia de etnocentrismos, entonces saldría a relucir que las sociedades tienen su sistema de salud, su sistema educativo, sanitario, patrón de asentamiento, etc. para sus propósitos y con sus niveles propios de inversión de trabajo ­ — y que todavía tienen poca comprensión e intercambio con los otros sistemas. Esto significa, que estamos inmersos en una gran negociación intercultural de patrones de vida culturales. Pero que ese diálogo está deformado por declives de poder material, que pretenden con-vencer al otro, de quién tiene las mejores soluciones para la vida. Parte de la estrategia es inferiorizar al otro y hacerle creer que tiene menos o le falta algo.
Como se constatará fácilmente no estamos en realidad tratando el tema de la pobreza, sino un tema más profundo el tema de los derechos de la gente, y estamos tratando el tema del derecho a la no discriminación, que es uno de los derechos humanos. Las organizaciones indígenas no están reclamando mejores ingresos o un cambio de calidad de vida, están reclamando sus derechos. Curiosamente, nuestros proyectos quieren mejorarles la calidad de vida, pero no darles sus derechos.
Mientras más concesiones forestales, mineras, petroleras se sobrepongan a sus territorios que solo en el imaginario legal peruano son de libre disposición, pero que el resto del mundo, ve en ellos territorios indígenas y un derecho colectivo sobre ellos, la situación de riesgo de los pueblos indígenas se incrementa. Y lo mismo es cierto para la exploración y explotación de petróleo, que trae epidemias que afectan a miles, derrames constantes de las tuberías, riesgos porque se sigue vaciando las aguas de formación en los ríos.
· Los gobiernos peruanos piensan que si el estado asume los riesgos, favorecen la inversión, pero eso no es así, porque someten a las empresas a constantes presiones sociales y de opinión pública mundial, que muchas veces las obligan a retirarse, por la incapacidad del estado de asumir y corregir esos riesgos.

· 35 años de trabajo de campo nos autorizan a hablar no solo a nombre de esta experiencia y la de instituciones públicas y privadas con las que trabajamos, sino también a nombre de la ciencia, es decir que a diferencia de los políticos, que producen verdades sociales, que son verdades de consenso, y otros grupos como la prensa que simplemente pueden reflejar todo, desde la opinión personal valiente de un periodista hasta la de un grupo de interés, la ciencia pretende ser más objetiva. Todos tienen derecho a expresar su opinión, pero la forma cómo se constituye cada opinión merece un análisis.
IV. Cómo combatir la pobreza
El hecho es que sería facilísimo combatir la pobreza y la pobreza extrema, si existiera la voluntad política y la decisión para ello.
La pobreza que se corregirá no está referida a los rasgos culturales indígenas, sino a los nexos con la cultura occidental, porque es allí donde se genera y puede corregirse la pobreza.
1. La primera recomendación es escuchar a Hernando de Soto y aplicarlo a los pueblos indígenas: hay que capitalizar a los que tienen derechos y propiedades sin reconocer legalmente: Denles sus bosques y sus ríos a los indígenas, que ellos dispongan y planifiquen a su manera de ellos. El argumento no es solo reconocer derechos ancestrales, que ya los tienen reconocidos, sino hacerlos efectivos para evitar la pobreza. Si los pueblos indígenas no pueden disponer de su capital, son los gobiernos los que se hacen cómplices de la pobreza.

2. Los pueblos tienen que poder aprovechar económicamente sus conocimientos y sus creaciones, los mejores del mundo en materia de sus recursos y manejo de sus sistemas ecológicos, y necesitan de garantías para eso.

3. El llamado mestizaje o chocolatear a todo el mundo para emparejar a todos no parece ser una buena estrategia ni para crear conciencia nacional ni para fortalecer la economía de país, porque en lugar de fortalecer las ventajas comparativas de cada grupo social y cada cultura para su propia versión de desarrollo, las debilita y les quita o desconoce lo único que tienen para construir su futuro. Así solo producimos más pobreza. El estrategia es reconoce distintos tipos de desarrollo e interconectarlo – ponerles reglas de tráfico.

4. La unidad de los pueblos en un estado solo puede darse conociéndose y respetándose, dialogando y tomado acuerdos. Que yo sepa entre los distintos pueblos indígenas hay más entendimiento que entre el gobierno y sus pueblos. El diálogo intercultural es constitutivo para todas estas sociedades multiculturales, pero también para los estados que conforman: tienen que revisar su legislación con un enfoque intercultural, y esa es una gran tarea para el futuro. En la legislación actual tienen los jueces tienen que tomar en cuenta la ética de cada pueblo;

5. Hay que superar el etnocentrismo científico y religioso. La ciencia no es la dueña de la verdad, ni mucho menos cualquier sistema de creencias religioso. El sistema educativo no puede basar la identidad nacional en esos dos componentes, porque no se puede basar la convivencia en una unidad que no existe ni va a existir, esto es en propuestas nacionales etnocéntricas. Hay que tener presente que la ciencia ya no representa un conocimiento objetivo culturalmente neutral, es la propuesta de la modernidad para la empresa de la modernidad, y está cuestionada por la propia epistemología contemporáneo por eso. Por lo tanto, hay que cultivar un sano perspectivismo intercultural. Es necesario reconocer la medicina y la educación de pueblo indígena, fortalecer su institucionalización. Se acabó el privilegio de la medicina académica. La legislación sigue siendo fundamentalista, mientras que el pensamiento universal ya se dinamizó y creció y se fortaleció con el diálogo intercultural.

6. El potencial de desarrollo en el Perú está en los conocimientos indígenas. Lamentablemente las culturas mestizas no han sido productores de tecnologías ni de sistemas de conocimiento; son mayormente epigonales, aunque en algunas ramas de la cultura de consumo tengan también sus aportes (la cocina criolla). Pero recuerden que lo que sabe el mundo occidental del manejo y conservación de recursos es un remedo del conocimiento indígena, ligeramente adaptado a las necesidades de planificación occidentales. Si no lo saben, lean la carta del jefe Seattle al Presidente de Estados Unidos.

7. No hay desarrollo sin un proceso de decisiones autónomo; si el desarrollo es concebido y planificado por otros no es desarrollo, se llama imposición, por más bien intencionada que sea. El Convenio 169 – OIT les da a los pueblos indígenas el derecho de planificar su propio desarrollo en su artículo 7°. Eso supone planificar con perspectiva de pueblo indígena, y no con la obras de estado o intereses políticos partidarios. La perspectiva de pueblos se basa en el objetivo espontáneo de toda sociedad humana: seguir existiendo en el tiempo. Ese objetivo es el que rige sobre sus alianzas matrimoniales, política poblacional, económica, cultural, de salud, etc. Si se avasalla a un pueblo, entonces se está generando su pobreza.

8. Denle a los indígenas la propiedad intelectual sobre sus usos de los recursos y los recursos genéticos transformados en sus chacras, así como sobre sus creaciones artísticas y de todo tipo. La inscripción legal no debe estar manipulada para reconocerles lo mínimo, incrementando el acervo común no reconocible, sino por el contrario, darles lo máximo posible, porque queremos que usen su propio acervo cultural para producir. Las descripciones previas, no hechas por indígenas, sino por ejemplo por científicos no son aportes de los científicos, ellos solo registran lo que los miembros de los pueblos les comunicaron, a veces inclusive sin su autorización. Y lo mismo vale para la música y los diseños pictóricos. El recopilador no es el autor. Además las recopilaciones no indígenas no están puestas en el contexto de los sistemas de pensamiento indígena y por eso están desfigurados.

9. Generemos una cultura de la propiedad intelectual al alcance todos, que cualquier idea con un boceto, sea inscribible por un monto mínimo. Si se quiere capitalizar hay que reconocer y promover la inscripción legal, porque solo así garantizamos la posibilidad de uso, sin que nos roben la idea.

10. Articulen la unidad política de pueblo indígena a la administración del estado: reconozcan su existencia política. Pueden articularse a nivel de municipios inicialmente y luego como subregiones o regiones. De hecho los derechos que demandan requieren de políticas de salud, educación y desarrollo propias, por eso tienen que tener finalmente las atribuciones de un gobierno regional. Todas las democracias inteligentes actúan así: reconocen los derechos para integrar a sus ciudadanos. Sin ciudadanos integrados no hay unidad política de país. Y eso significa reconocer e integrar derechos colectivos.

11. Obviamente la economía de un país no puede crecer si no arregla sus asuntos internos. No se puede confiar solo en la economía globalizada: hidrocarburos, agricultura industrial, minería, etc. Estas no abastecen ni abastecerán la demanda de trabajo, por lo que se necesita de otras formas de trabajo, y estos grupos humanos tienen su visión de futuro y lógica propia. ¿Cree alguien acaso que las industrias están creando plazas de trabajo bien pagadas que sustituyan las economías indígenas de autoabastecimiento? Hay que recordar que estamos hablando de un 40% de la población peruana.

12. Se requiere de un sistema de financiamiento de proyectos locales. Actualmente los proyectos de la cooperación internacional saltan en la brecha y cubren una parte de la demanda, pero se debería crear un sistema de financiamiento nacional, no necesariamente estatal. En el Perú hay capacidad de producción, conocimiento y tecnología para la transformación, y capitales, pero todos están desenchufados; hay que conectarlos y ponerlos a trabajar. Pero con respeto por las formas de trabajo indígena y por el medio ambiente.

13. La propuesta de desarrollo indígena es intercultural, a través de todo el ciclo productivo, en la producción, transformación y comercialización. Por lo tanto se necesita un soporte tecnológico apropiado.

14. El desarrollo de la infraestructura de estado: electrificación para que puedan desarrollar pequeñas y medianas industrias en centros urbanos pequeños.

A la ahora de promover desarrollo no se trata obviamente de recortar los derechos consuetudinarios para que las industrias de las empresas petroleras, mineras, madereras y la industria agrícola puedan explotar suelos y extraer los recursos y pagar sus impuestos al estado, y nada más. Si fuera así, lo que está creando el estado no es sino un círculo de la pobreza y pobreza extrema.
El camino para superar la pobreza es muy fácil de seguir, pero exige tomar algunas medidas fuertes, tanto de orden económico como político: una reingeniería de la sociedad peruana y como consecuencia una reingeniería del estado, que es una expresión de esa sociedad peruana. Si la expresión está distorsionada, es decir la voz de la gente va por un lado y la del gobierno por otro, allí hay un problema de gobernabilidad, pero no se le puede culpar a la población. Estamos cansados de los gobernantes quejándose de sus gobernados. Quien finalmente es la que manda es el pueblo, porque es el que construye su futuro, y las políticas inadecuadas a sus propósitos que manifiesta tomando decisiones prácticas, simplemente desaparecerán.
Las negociaciones de las organizaciones indígenas con las empresas petroleras y con mineras obviamente serán duras, muy duras, en el futuro. No siempre han sido así. En parte se han endurecido por las terribles experiencias con las empresas, pero también porque el estado defiende obviamente más a las empresas que a sus pueblos. Muchas decisiones de estado han empeorado la capacidad de negociación de las comunidades y sus organizaciones y por lo tanto las han enfrentado y las posiciones se han endurecido.
Finalmente este es un ejercicio en democracia participativa y de diálogo intercultural.
V. Conclusiones:
1. Sí se puede cambiar el país, pero eso requiere cambiar las formas de interacción y comunicación en todos los ámbitos. Hay que corregir una socialización etnocéntrica por una intercultural, y generar confianza para que la comprensión y el aprendizaje de unos y otros sea posible.

2. El problema es rara vez el pueblo indígena, el problema es la sociedad nacional que integra e inferioriza a la vez a sus miembros.

3. No se puede construir un país sin reconocer los derechos de sus miembros, y eso incluye los derechos previos a la constitución del estado y los derechos colectivos de los pueblos indígenas. Más aún si se trata de derechos humanos como el no ser discriminado o de derechos inherentes a la persona, incluyendo el derecho a territorio como expresión o contraparte natural de un pueblo y de una identidad. Los derechos de autoría intelectual son también inherentes al concepto de pueblo, porque es aquello de lo que viven y lo que son. Si los derechos de los miembros de un estado no están reconocidos y practicados no tenemos un estado de derecho.

4. Hay que darle una forma política a la existencia de los pueblos indígenas, para que puedan determinar su desarrollo, economía, medio ambiente, cultura, salud y derecho. El equivalente en la estructura del estado actual parece ser una región o subregión. Pero debe estar articulada a la estructura del estado para que tenga capacidad de planificación y de decisión autónoma sobre sus asuntos. Una propiedad de tierras no es suficiente porque no tiene decisión sobre el uso ni capacidad de planificación.

5. Los pueblos indígenas tienen que ser dueños de su propio proceso, es decir planificar su futuro con autonomía. Esto es algo que pueden iniciar inmediatamente y sin esperar ningún cambio legal: está en sus manos.

6. El adoptar la planificación como instrumento ya constituye una innovación cultural para las sociedades tradicionales que tienden a reproducirse a sí mismas. El ejercicio de la autonomía política y cultural tendrá como efecto un desarrollo creativo en el intercambio con el mundo y la cultura universal. Solo sociedades amenazadas como están actualmente los pueblos indígenas se inmovilizan, se defienden y se vuelven conservadoras.

7. La pobreza la genera el mismo estado y toda la sociedad peruana. Los condicionantes fundamentales son el despojo legalizado de sus territorios, del uso del suelo y subsuelo, de su propiedad intelectual, del derecho de educar a sus hijos a su manera y sus propósitos, la ilegalización de su medicina. En consecuencia los proyectos que tratan de combatir la pobreza no van a tener resultados si no afectan las causas, sino solo sus efectos culturales como desnutrición, falta de ingresos, etc.

8. Dado que el enfoque de lucha contra la pobreza trabaja en el caso de los pueblos indígenas amazónicos con una perspectiva externa, que introduce una diferenciación conceptual, es preferible trabajar con programas de desarrollo indígena con autonomía.

9. No descartamos que una adopción de nuevos estándares de vida sean posibles y hasta deseables. En cierto modo ya lo están haciendo al usar relojes, zapatillas, ropa, motores y botes,… Pero esa adopción tiene ciertas condiciones. Por ejemplo, adoptar la lecto escritura como medio de transmisión de cultura es una decisión política de pueblo, y no es una estrategia pedagógica escolar. Si se confunden las cosas, los niños que aprenden a leer y escribir nunca usarán esa habilidad y se desmotivarán. Adoptar unas correcciones a su sistema sanitario puede ser necesario, pero para hacerlo hay que ver la necesidad dentro del sistema de salud indígena y plantearlo así, sobre el conjunto de medidas que promueven la vida del pueblo. Si solo se presenta la medida sanitaria propuesta con el efecto positivo, se está apelando a una lógica de pensamiento que no mueve su sistema de salud, con relaciones causa – efecto, que por supuesto conocen, pero solo para un pequeño grupo de enfermedades que son explicadas de esa manera.

10. La conducción del país necesita de una nueva ética intercultural. Si se entiende por ética las reglas y conceptos que nos permiten conducir la vida social, descubriremos que tenemos todos los elementos para ello en nuestro lenguaje cotidiano, pero que las instituciones y culturas escogen unilateralmente algunos conceptos como fundamentales para su visión particular de la vida. Esto es, simplifican las opciones contenidas en la lógica del lenguaje cotidiano. Por ello debemos recuperar la diversidad de opciones que contiene el lenguaje cotidiano y a partir de esas posibilidades ver cómo seleccionan las culturas sus modelos. Aquí algunos de esos conceptos que son útiles en la vida social: el reconocimiento de personas, cosas, procesos, cambios, la voluntad, la intención, los motivos y razones para nuestras acciones, el respeto a la persona, el prestigio y la dignidad de la vida (de todas las especies y del sistema), las distinciones que nos permiten discriminar acciones: bueno/malo, correcto/incorrecto, equitativo/inequitativo, justo/injusto, perfecto/imperfecto, normal/anormal, ordinario/extraordinario, amor/odio, deseado/rechazado,… y el principio de evitar el daño. Hay culturas que hacen de la equidad el valor central, otras del bien (y rechazan todo lo malo), otras del equilibrio entre el bien y el mal, otras dictaminan que todo extremo es malo. Muchas culturas introducen metáforas como comparaciones, con las cuales ver la vida, por ejemplo como prueba o como juicio, y otras tienen un concepto de otra vida que supuestamente es la solución a esta vida y otras lo rechazan.

En consecuencia, podemos ver las opciones como juegos para armar, y a partir de allí ver como cada cultura arma su juego de reglas. Así podemos meternos en la mente de otros como un juego de reglas. Debemos aprender a vernos así a nosotros por igual. Es a partir de este momento, de la empatía con el otro que empieza el pensamiento político. Que consiste en tomar en cuenta la visión y los intereses del otro. Y entonces empezamos a saber cómo negociar, en lugar de defendernos y apertrecharnos en nuestra cultura como en un fuerte. Recién a partir de la empatía con el otro podemos hacer pactos de convivencia respetando al otro y no avasallándolo, sea con razones, símbolos o armas.

11. Obviamente cuando nos vamos a las armas y al uso de la fuerza abandonamos el discurso racional; pero también hay que tener en cuenta que todo diálogo tiene que ver con la comprensión emocional y con el uso y el abuso del poder. Por eso el diálogo intercultural genera una ética propia: la perseverancia en la búsqueda de la comprensión y del acuerdo, la transparencia el rechazo de toda manipulación. Solo los resultados negociados y aceptados por las partes perdurarán, el imponer una solución aunque ésta sea la mediación entre posiciones, no lleva a buenos resultados, solo puede ser en el mejor de los casos una solución intermedia hasta que se retome el diálogo.

12. Estos días, al Gobierno Peruano y a la sociedad peruana le han faltado experiencia con el diálogo intercultural. solo el desconocimiento de las propias culturas puede explicar que se haya tomado una medida de fuerza desconociendo la naturaleza de los pueblos indígenas. Por lo tanto, tampoco podían medir las consecuencias de sus actos. Nuestros políticos, por lo general, han carecido de experiencia en el enfoque político intercultural: jamás se han puesto en el lugar de los pueblos indígenas y han dado pasos seguros para resolver su situación, como reconocer los derechos preexistentes, y a partir de allí negociar. Hay que pensar que los pueblos indígenas son el componente más antiguo y por lo tanto con más derechos preexistentes en el país. Son también lo más característico del Perú y los que mayores aportes han hecho a la cultura universal.

13. Las ideas que manejan los partidos políticos en el país, al igual que la opinión pública reflejan un enorme desconocimiento de la realidad peruana, y son claramente insuficientes para gobernar un país tan complejo como el Perú. Ideas políticas que fueron concebidas en los años 30 y cuarenta del siglo pasado son difícilmente aplicables sin muchas reformas; pero no bastan reformas, se necesita un esfuerzo mayor para conceptualizar soluciones para tener un país viable, que venza a la pobreza y así pueda movilizar sus fuerzas productivas con confianza y seguridad jurídica, sin el temor constante a abusos por el mismo estado. Si no se hacen las reformas no habrá paz social y sin reglas claras satisfactorias para todas las partes no hay convivencia, hay confrontación. En la creación de esas reglas claras para la convivencia debemos estar empeñados para poder enfrentar el futuro.
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* Lingüista, filósofo, antropólogo; catedrático en San Marcos, asesor o director de varios proyectos e iniciativas relacionadas con los pueblos amazónicos y autor de varios libros sobre el tema.

Monday, May 11, 2009

Articulista invitado: Marco Arana Zegarra
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SALVEMOS LA AMAZONIA Y A LOS PUEBLOS QUE CUIDAN DE ELLA

Por Marco Arana Zegarra



Desde la segunda semana de abril, los pueblos amazónicos están nuevamente en pie de lucha pidiendo la derogatoria de los decretos legislativos[1] que amenazan la propiedad colectiva de las tierras de las comunidades y a la vez entregan grandes extensiones del territorio amazónico al saqueo y la contaminación de las empresas petroleras y mineras.

El gobierno de García, apoyado en un premier que supuestamente defendía derechos humanos y la justicia social; de un ministro ambientalista que supuestamente protegería la selva y las comunidades que en ella habitan, y contando con aquella libertad de prensa que le permite que la huelga amazónica no sea conocida por la inmensa mayoría de ciudadanos del país; arremete brutalmente contra los pueblos amazónicos dando una señal clara de que los pocos electores que ellos le representan son absolutamente prescindibles, mientras, claro está, los presidentes regionales de Amazonas, San Martín, Loreto e Iquitos y los frentes de defensa de esas regiones no se sumen solidariamente a las justas protestas de los pueblos amazónicos (¿Les han hecho promesas de gasto público o les han ofrecido favores que a lo mejor nunca llegarán?)

El día siete de mayo, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, el mismo que no sirve para acabar con la racha de muertes en las carreteras y vehículos super contaminantes en las ciudades, se vuelve milagrosamente eficiente para fiscalizar pequeñas emisoras de radio y cerrarlas (como Radio Libertad en Atalaya)[2] que son de las pocas que en la selva informan la verdad de lo que está pasando y que el gobierno no quiere que se sepa: que todos los pueblos amazónicos están solidariamente luchando por defender sus territorios y la selva, no solo para preservar su propiedad colectiva y la calidad de sus aguas y suelos tan dañados por las petroleras, sino protegiéndonos a todos los habitantes del planeta al buscar que en la amazonía se desarrollen actividades que, en primer lugar, garanticen el derecho a existir que tienen los pueblos que milenariamente la han habitado y que, en consulta previa, libre e informada con las comunidades se decida qué actividades económicas son las más convenientes para su propio desarrollo y el del país que, por supuesto, es mucho más que el solo crecimiento económico y las coimas que éste permite en las más altas esferas de gobierno.

El día ocho de mayo, a través de comunicados de los misioneros oblatos que sirven a las comunidades del Río Napo se supo rápidamente que acorazados de la Marina de Guerra arremetieron contra las débiles canoas de los nativos que habían puesto un cable sobre el río para impedir que embarcaciones petroleras navegaran por él. ¡Sin duda, no es esta la valiente marina de Grau que hace naufragar canoas y no auxilia a los propios compatriotas hundidos! ¿Tanto daño le hace a nuestra marina estar comandada por un presidente soberbio que califica a los hermanos amazónicos como “perros del hortelano”?

El sábado nueve de mayo, el presidente García ha decretado el estado de emergencia en casi toda la Amazonia, y el día de ayer, día de la madre, ordenó que a los nativos awajun y wampis que protestaban en el puente de Corral Quemado en Bagua Grande, les sacaran literalmente “la madre”.[3] Un fuerte contingente policial de la DINOES (la misma que no ha sido capaz de impedir el rebrote terrorista y su juego en pared con el narcotráfico) masacrara a civiles peruanos que no portan fusiles sino rudimentarias flechas y lanzas.

¿Puede un gobierno que defiende a rajatabla una política económica, éticamente inicua, estar por encima del fin supremo del Estado que es la persona humana (Artíc. 1 de la Constitución)?

Los ciudadanos de un país democrático creíamos que no. Sin embargo, lo que está ocurriendo en la Amazonía nos demuestra lo contrario. Ya no solo las voces de los principales líderes amazónicos es ignorada, sino también la de los obispos de Yurimaguas, Jaén, Pucallpa, San Ramón, Puerto Maldonado, Requena, Moyobamba e Iquitos quienes han solicitado una solución justa y respeto para los pueblos amazónicos.[4] Aunque esta vez más cauto, García aun no los ha tildado de “falsos cristos” como lo hizo con los obispos del norte del país cuando se solidarizaron con la justa lucha de los comuneros con el proyecto minero en Majaz.

¿De qué manera debería entonces amplificarse esas voces para que no sean acalladas y se imponga la política del perro del hortelano en la Amazonia? Tenemos dos caminos: Uno institucional, y menos costoso en términos sociales, es que la Comisión de Constitución del Congreso declare la anticonstitucionalidad de los DLs del Ejecutivo y proceda a su inmediata derogatoria. Y otro camino, social y políticamente impredecible, que los movimientos sociales regionales, con sus presidentes regionales a la cabeza se pongan de pie para decir: ¡Basta! y devuelvan al país la decencia y la soberanía que un Ejecutivo y un Congreso pusilánimes no son capaces de cautelar.

Sin embargo, la elección de uno u otro camino está en manos de liderazgos responsables que no pueden seguir actuando con temor. No todo está perdido en el Congreso, no todos los congresistas son una manada de otorongos, esta es una oportunidad para responder al mandato popular que los eligió y reivindicarse como un auténtico poder del Estado, en vez de una simple mesa de partes de un gobierno autoritario y corrupto. También creemos que los presidentes regionales de Iquitos, Loreto, Madre de Dios, Amazonas y San Martín no pueden acobardarse frente a las leyes de García que criminalizan su participación al lado de reivindicaciones justas de sus pueblos. Los presidentes regionales, deben saber que el que otrora dio leyes abusivas, creyéndose todopoderoso, hoy purga prisión precisamente por violaciones de derechos humanos. Esa hora también podría llegarle a un presidente que desprotege los derechos de las poblaciones de la Oroya, Cerro de Pasco, Choropampa y Madre de Dios que están siendo envenenadas por las mineras; que desprotege a los hermanos de la Amazonia a quienes la deforestación, las petroleras, las mineras y el narcotráfico les dejan sin tierra, sin agua limpia, amenazando las bases materiales de su propia existencia.



Nunca la solidaridad con los pueblos amazónicos se ha hecho tan urgente.
¡Alto a la violencia institucionalizada!
¡Salvemos la Amazonia!



[1] Decretos Legislativos que se exige derogatoria: Nros. 994, 1064, 1020, 1081, 1089, 1090, 1083, 1060 y 997
[2] http://www.servindi.org/actualidad/11340
[3] http://www.servindi.org/actualidad/11385 también: http://www.aidesep.org.pe/index.php?codnota=700
[4] Comunicado del 05 de mayo 2009. Ver: http://www.muqui.org/ también: http://www.aidesep.org.pe/index.php?codnota=703

Tuesday, April 28, 2009


MANIFIESTO POR LA TIERRA Y EL TERRITORIO


Desde hace más de 500 años, nuestro territorio fue invadido por una civilización que desconoce como relacionarse armoniosamente con él.
El territorio como fuente inagotable de riquezas, la atención a las demandas de la metrópoli como acicate para la extracción del recurso y la consecuente transformación radical de los ecosistemas, la organización del territorio en función de estos esquemas ajenos a los intereses de quienes aquí habitamos y motivados por necesidades y demandas ajenas, la explotación servil e inmisericorde de las naciones nativas consideradas inferiores y sin derechos, el beneficio de unas minorías europeizantes en el poder y en complicidad con los inversionistas occidentales, la exclusión en nombre de un sistema de castas que organiza socialmente a partir de determinada cultura que se considera, sin cuestionamientos, como la superior y única posible: he allí la constante de un modelo que permanece y se afirma por la fuerza, por encima y más allá de las divergencias y contradicciones transitorias internas, finalmente subsidiarias, sobre formas de distribución.
La lógica depredadora de la conquista se ha instalado hasta ahora, prosiguiendo en su marcha bárbara y apenas cambiando de maneras y de protagonistas cuando se crea la república, que solo iba a beneficiar a los herederos criollos de los conquistadores.
Las izquierdas quisieron en su momento confrontar este estado de cosas, pero ignoraron la clarividencia de Mariátegui y fundamentalmente de Arguedas, por lo tanto a la vista, y cayeron en la trampa del economicismo que solo ve conflictos sociales de clases, lo que lleva inevitablemente a reducir las demandas de las luchas sociales a mejoras mínimas y por ello al horizonte de un siempre inalcanzable bienestar al interior del mismo sistema de civilización depredadora, que es incapaz de ofrecer soluciones reales sin autocuestionarse. He allí la razón de su derrota histórica, pues el modelo de desarrollo occidental productivista, predominante y hegemónico, nunca fue cuestionado en su esencia y por su lado, no pensará jamás en suicidarse, al contrario.
La derrota de las izquierdas fue, por ello y sobretodo, profundamente ideológica. Al ser incapaces de renunciar a los imaginarios de bienestar occidentales y al productivismo y la idea tradicional de progreso, agotaron su lenguaje ante la embestida del neoliberalismo radical, afirmado como el nuevo rostro de la extrema derecha antidemocrática – la bestia de Brecht – que ha logrado imponerse en el consenso mayoritario y popular como única posibilidad de desarrollo. Ciegas, las izquierdas se lanzaron a la búsqueda de acuerdos en el terreno minado del adversario y fenecieron. Ello obedece a una lógica implacable: la matriz del discurso de las izquierdas estaba instalado y tenía las mismas fuentes que el discurso de los dominadores y es, por lo mismo, tantas veces ajeno a la idea de primero comprender el territorio, la relación armónica que es indispensable tener con él y la trascendencia del conflicto cultural, que es la forma en que se manifiesta la lucha ideológica. [1]
Es así que la globalización, iniciada con el proceso de la conquista y persistente bajo nuevas formas de organización del saqueo de las regiones proveedoras de materias primas, se ha encaminado desde el inicio a la destrucción de la memoria de las culturas originarias, en beneficio de la normalización o estandarización de la visión occidental del bienestar y la cultura entre las mayorías. Ello es y ha sido un factor indispensable para la mantención de la dominación.
Son 14 mil años de aprendizajes de una relación armónica del hombre con el entorno en el que llegó para adaptarse y sobre lo cual generó cultura, que son persistentemente negados por la civilización dominante, inicialmente por el mercantilismo y hoy por el productivismo y el consumismo, y que se refuerzan con los mecanismos de dominación ideológica que no pueden ser más confrontados con las mismas armas de conciliación y encuentro que propone el poderoso (su democracia), ni menos buscar por tales vías el imaginario de bienestar que se oferta a las mayorías, inalcanzable e imposible, y que solo traería como consecuencia la destrucción de la vida por agotamiento de recursos.
Los alcances de las investigaciones sobre cambio climático llevadas a cabo por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) son concluyentes al afirmar el origen antropogénico de tan grave fenómeno, el que se ha agudizado desde la revolución industrial y muy particularmente desde los últimos cincuenta años de aceleramiento de un modelo de desarrollo que promueve el consumo excesivo, el productivismo para hacerlo posible y consecuentemente la devastación de las fuentes de materias primas para la industrialización de los productos de consumo.
La reciente depresión en la economía mundial es una grave llamada de atención sobre las consecuencias de gastar más de lo que tenemos, sobre los problemas de la desregulación de la economía salvaje bajo el capitalismo, pero la posibilidad de una recesión económica es nada ante la inminente crisis ecológica, que es consecuencia precisamente de la devastación de la naturaleza, inherente a la organización del sistema de civilización hegemónica.
Según el informe Planeta Viviente 2008 de la WWF: “En 2005, la Huella Ecológica global fue de 17.500 millones de hectáreas globales (hag), es decir 2,7 hag por persona (una hectárea global es una hectárea con la capacidad mundial promedio de producir recursos y absorber desechos). En cuanto a la oferta, el área productiva total, o sea la biocapacidad, fue de 13.600 millones de hag, es decir 2,1 hag por persona.” [2] Lo que indica que la demanda ha superado de manera bastante grave a la oferta. Pero lo peor no es esto, sino que la concentración del consumo se ha dado en un grupo de países que son los que conforman el autodenominado Primer Mundo o Países Desarrollados.
Dichas regiones – Europa, Estados Unidos – consumen hasta cinco veces la capacidad de su huella ecológica, al tiempo que exportan la ilusión de su modelo de desarrollo (su imaginario de bienestar) como parte del bagaje ideológico con el que afirman su dominación sobre el resto del planeta mientras imponen su lógica economicista. El persistente crecimiento de países como China, Brasil, Indonesia, India en el mismo esquema de desarrollo occidental, ya plantea problemas gravísimos para la supervivencia del planeta, que se han notado en la crisis de alimentos reciente: bastó que unos pocos pobres pidieran más para comer, para que el mercado de alimentos se desbalanceara totalmente. Es que, además, occidente asimismo impuso, desde el inicio de su predominio, formas suyas de alimentación en detrimento de la diversidad de culturas alimenticias propias de la diversidad de formas culturales del mundo. Mercado que, hoy en día, aparece dominado por grandes trasnacionales que lucran precisamente con la estandarización, también, de los hábitos alimenticios.

El Perú hoy
Según el reporte número 61 de Defensoría del Pueblo, correspondiente a marzo del 2009, los conflictos socioambientales aumentaron hasta llegar a convertirse en el 49 por ciento de los conflictos sociales del país. Si bien una gran mayoría son referidos a los problemas generados por las industrias extractivas de todo género, no es menos real que existe una creciente conciencia de los problemas que se generan por las relaciones con el entorno ambiental, incluyendo el acceso a recursos y las carestías en estos que están en el origen de problemas cada vez más resaltantes. No se consigna como conflicto en el referido informe, por ejemplo, la degradación de las condiciones de vida en las zonas deforestadas ni en los lugares en los que han desaparecido glaciares por efecto del cambio climático.
Mientras tanto, los gobiernos sucesivamente, y secularmente, prosiguen en su política de cesión de tierras y la sangría de territorios enteros que por lo tanto tienen poblaciones con derecho a su uso anterior a la creación de la república y del virreinato, y lo hacen no solo insertados en la lógica racista y depredadora de la conquista, sino que incluso yendo contra normas nacionales e internacionales contemporáneas e incurriendo así en traición a la patria dentro de su propio esquema de valores.
El gobierno actual insulta a las poblaciones originarias y al pueblo conciente de las afrentas, llamándolo ignorante, perro del hortelano, mientras que persiste en desatender los prioritarios problemas de salud, educación, vivienda adecuada, promoción social y respalda a las empresas extractivas de minerales e hidrocarburos exonerándolas de impuestos para promover alguna reinversión que debieran en todo caso – si cupiera – hacerla de su propio bolsillo, valiéndose del cuento de las tecnologías limpias que en realidad “son el equivalente, en ética política, a las guerras ‘limpias’. (…) distinción que hace perder de vista toda la racionalidad de la guerra que es el poder que se impone por la violencia de las armas, y que puede asesinar y matar la vida.” De igual manera “las tecnologías ‘limpias’ o las tecnologías ‘dulces’ son simplemente mecanismos para, en el mejor de los casos, mitigar los impactos ambientales o los procesos de contaminación o destrucción de los ecosistemas que produce esta racionalidad económica.; o con frecuencia son un mecanismo para ocultar o negar los impactos reales y externalizar costos sobre las economías locales, incrementando, por tanto, los niveles de pobreza.” [3]
La deforestación del bosque húmedo tropical, que prosigue con el proceso de destrucción de bosques serranos – desaparecidos en un 90% tan solo en el primer siglo de la conquista – y de los bosques secos costeños, fuente de vida de miles de personas y que explican el florecimiento y el desarrollo de las culturas costeras prehispánicas, que es parte del proyecto neoliberal para atender a las demandas de energía de los países de las metrópolis coloniales, prosigue con tan solo la resistencia de los pueblos indígenas amazónicos y el mutismo cómplice de los medios de comunicación, poniendo en riesgo de manera más aguda nuestro suministro de agua y alimentos para los años venideros que, con el cambio climático, entrará en grave crisis. Al mismo tiempo que pondrá en manos de capitales privados extranjeros y de potencias ajenas, el acceso a lo que haya de esos importantes recursos para atender también con aquello demandas de consumo ajenas.
Las grandes ciudades, como Lima, saturadas de población, viven la pobreza y al mismo tiempo la ilusión del consumo para alcanzar formas de vida y bienestar irrisorios que los medios – en un país sin libertad de prensa real – persisten en vender como portentos de un desarrollo que suele medirse por los niveles de consumo. El ejemplo del Cono Norte limeño, tan vendido por el sistema como ejemplo de desarrollo, es particularmente ejemplar: el 80% de las empresas instaladas son comerciales y apenas el 20% son productivas, convirtiendo así los famosos megamercados en gigantescas aspiradoras de los recursos de una gran concentración de población particularmente pobre, presa de las tarjetas de crédito y las ansias de un bienestar inalcanzable. El resultado es lamentable. Sin una educación adecuada, sin salud accesible, sin memoria del pasado propio en el territorio, grandes masas de población urbana se convierten en el remedo deprimente y absurdo de formas de vida ajenas y sueños americanos imposibles, desde la vestimenta hasta la pobreza de sonidos sosos y estridentes hechos para no pensar en el propio destino. “Nuestra sociedad no favorece la soledad sino el desarraigo; suena el radio o la televisión todo el tiempo y mutuamente nos exigimos conductas, maneras, sentimientos. Nos agobiamos y dormimos.” [4]
Las grandes poblaciones urbanas viven asimismo desconectadas del mundo rural, ausentes por causa de miles de intermediaciones entre la atención de sus necesidades y la fuente de los recursos con los que se abastecen; ausentes de las tramas de los mercados financieros que los ahorcan y empobrecen más en medio del neón de las iluminaciones farsantes y el plástico del dinero falso.

Nuestra tarea
Es imprescindible tomar conciencia de la gravedad del conflicto de nuestras sociedades con el mundo ajeno que nos ha sido impuesto desde hace siglos. Es imprescindible la reconciliación entre todos los pueblos diversos que habitamos el territorio y con el mismo territorio que ha sido maltratado y destruido durante tanto tiempo. Es imprescindible una nueva organización de la población al interior de nuestra tierra en función de un uso adecuado de los recursos y de una relación armónica, como consecuencia, con el resto de la naturaleza a la que pertenecemos. Urge la construcción de nuevos paradigmas de bienestar, lejos de las alienantes promesas del mundo occidental productivista y consumista, y más de acuerdo con las posibilidades de nuestro territorio. Urge la planificación en el uso del territorio y mecanismos de distribución para la atención de las necesidades, desde la racionalidad y el conocimiento de las posibilidades que tenemos, para lo que la herencia de los conocimientos indígenas prehispánicos constituye un estupendo punto de partida.
Urge la construcción de un movimiento de las mayorías nacionales que asuma su destino con sus propias manos, desde un conocimiento profundo de su historia en relación constante con la imprescindible adecuación al entorno ambiental que ha de ser su referente de vida, como era al principio, como debe serlo siempre.


DRB

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[1] La lucha ideológica no se da en la “academia” ni en el cenáculo partidario, sino en el sentido común mayoritario: Es “característica fundamental (del sentido común el) que se constituye en una concepción en la cual, incluso en el cerebro de un individuo, es fragmentaria, incoherente e inconsecuente, de conformidad con la posición cultural y social de aquellas masas…” Los sistemas de las clases dominantes “influyen (en) las masas populares como una fuerza política externa, un elemento de fuerza cohesiva ejercida por las clases dirigentes y por lo tanto un elemento de subordinación a una hegemonía externa. Esto limita el pensamiento original de las masas populares en una dirección negativa, sin tener un efecto positivo de un fermento vital de transformación interior de lo que las masas piensan en una forma caótica y embriónica acerca del mundo y la vida” (Gramsci 1971: 420). Diagnóstico que se agrava en el siglo XXI (N.R.)
[2] La Huella Ecológica mide la demanda de la humanidad sobre la biosfera en términos del área de tierra y mar biológicamente productiva requerida para proporcionar los recursos que utilizamos y para absorber nuestros desechos. La huella de un país es la suma de todas las tierras agrícolas, de pastoreo y de bosques, al igual que las zonas de pesca requeridas para producir los alimentos, fibras y maderas que ese país consume, para absorber los desechos emitidos por la generación de la energía que utiliza y para proporcionar espacio para su infraestructura. Puesto que las personas consumen recursos y servicios ecológicos provenientes de todo el mundo, su huella es la suma de estas áreas, independientemente de donde estén ubicadas en el Planeta.
[3] En “Los recursos naturales como mercancía” por Marco Arana Zegarra (GRUFIDES), en “Territorios y recursos naturales: el saqueo versus el buen vivir” – Editor ALAI – Quito, 2008
[4] En “Diario Educar” por Constantino Carvallo Rey – Editorial Aguilar – Lima, 2007

Saturday, August 23, 2008

Mapa lumínico (hecho con fotografías de satélite) de la Tierra: obsérvese las zonas de mayor consumo de energía
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La crisis ambiental:
cultural y por eso, política
Por David Roca Basadre


“Esta música de la naturaleza, el rechazo de todo lo que aleje al hombre de ella, su alegato apasionado para que la flora y la fauna sean amadas y respetadas como lo son en los pueblos primitivos – que viven en intimidad con ellas – podía parecer, hace algunos años, idealismo trasnochado. Pero los tiempos cambian. Muchos hombres han perdido las ilusiones que presentaban al desarrollo industrial como panacea para los males sociales, a la vez que descubrían que él podía significar contaminación, erosión de los suelos, envenenamiento de las aguas, desaparición de las especies. Por eso han surgido – es el fenómeno más novedoso de los últimos años – los movimientos llamados ecologistas, que, en su versión más pragmática y responsable, quiere poner freno a la destrucción de la naturaleza e impedir que las máquinas acaben con los hombres, y, en su dimensión más radical y soñadora, fundar a partir de la defensa del medio ambiente una nueva utopía ideológica colectivista. Los jóvenes que militan en esta cruzada pueden reivindicar a José María Arguedas, pues la utopía del autor de Los ríos profundos es la suya.”

Mario Vargas Llosa
En “La utopía arcaica”



Los tiempos de crisis ambiental de hoy, cuando vivimos esta terrible sensación de que la casa se nos viene encima, y donde no son viejos barbudos de mirada perdida los agoreros de milenios por cumplirse, sino adustos y corrientes hombres de ciencia los que hablan de grandes cambios en el clima y, por consecuencia, en nuestras vidas, sitúan al hombre ante las interrogantes siempre presentes de angustia existencial, que se vuelven de pronto más apremiantes.
¿Y todo lo que fuimos? ¿Lo que hemos construido? ¿Lo que nos cuida y nos abriga, lo que dijimos que era bello y lo que despreciábamos? ¿Aquello que queríamos conservar, lo que luchamos por cambiar?
Todo ello empieza a tener el sonido de los espacios huecos y de las interrogantes infinitas, la de sabios prematuros pero forzosamente quietistas, impotentes en los que, es probable, algunos se vayan convirtiendo.

El IPCC

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)[1], el mayor esfuerzo de cooperación científica de la historia de la humanidad, es inapelable en cada uno de sus informes: “la evidencia observada en todos los continentes y la mayoría de los océanos muestra que muchos de los sistemas naturales están siendo afectados por cambios climáticos regionales, particularmente incrementos de temperatura[2], es decir que nos aproximamos aceleradamente al incremento de 2º C adicionales de temperatura media global, un evento de ahora predecibles y dramáticas consecuencias.
Pero, también dice el IPCC que “abundante evidencia se ha acumulado en los últimos cinco años que indican que los cambios en muchos sistemas físicos y biológicos están ligados al calentamiento de origen antropogénico[3], es decir, a lo que de manera cada vez más directa llamamos crisis del modelo de desarrollo.

Las culturas del desarrollo

Cierto sentido común extendido desde hace más de 500 años entronca nuestras maneras de entender la sociedad y todo lo que produce o hace, a la idea de un solo tronco cultural, que es el que se produjo en el occidente europeo.
Se suele obviar que son hasta cinco las grandes culturas primigenias en la historia de la humanidad – China, Egipto/Mesopotamia, Grecia, la surgida en la gran meseta del Anahuac y zonas circundantes de lo que son México y parte de América Central, y la Andina – que se extendieron y aportaron cada una al mundo sus creaciones, resultado del proceso de desarrollo de la vida del hombre en la Tierra, con variados resultados. A estas principales deben sumarse los procesos menos fastuosos, pero todos importantes, de millares de pueblos que configuran la diversidad de respuestas de la capacidad humana para adaptarse a las situaciones que se le presentan.
Pues no otra cosa es la cultura, sino la respuesta creativa del ser humano a las exigencias del espacio, el tiempo y los desafíos varios con los que se confronta. Y que tiene, en diversas etapas, procesos propios de cada lugar, pero siempre nuevos en su despliegue, complejización y enriquecimiento continuo.

Un solo referente standard

La cultura occidental, por los caminos de la tecnología de guerra y el accidente, va cumpliendo desde apenas hace cinco siglos, sin embargo, la épica de proponerse como posibilidad única.
Las sociedades y países nacidos de la colonización occidental, organizan su territorio y su vida en función de abastecer las demandas de los países más ricos de occidente (exportar), en la importación de formas de vida y usos y costumbres europeos o norteamericanos que aparecen como absolutos, en la sustitución de la creación de tecnologías propias de respuesta racional a las demandas de la propia tierra por la importación automática de tecnología muchas veces inútil y tantas veces perjudicial, en la venta de cuanto tenemos, en suma, para la manutención de formas de vida ajenas que nos dictan políticas e ideas y sueños, e incluso lo que debemos considerar bello.
El aporte de occidente no necesariamente ha sido, entonces, benéfico. La inmensa deuda ecológica que tienen los países europeos, incluyendo a los Estados Unidos en ese grupo, con nuestro pueblo, con nuestro continente se mide en el holocausto de millones de vidas humanas, territorios desertizados, bosques diezmados, tierras perdidas, etc. durante estos cinco siglos, que son el origen de la pobreza que nace de la imposición de unos que no saben, sobre los otros que sí sabían cómo vivir en armonía con este territorio nuestro.
Esa imposición occidental que busca estandarizarnos en su propio espejo, tiene sus seguidores aquí, entre nosotros, en los que aún dirigen el destino de las mayorías, los que venden bosques y vidas, los que ceden aire, agua, tierra, los que arrasan lo que fuera para conseguir metales, objetos con valor de cambio que – ¿alguien puede negarlo? – nacieron de las mismas convenciones de la imposición cultural, los que deciden, también, cada día que el color de la piel y los rasgos predominantes de los demás y a los que pagan mal, son feos…
El calentamiento global y el cambio climático consecuente son el clímax de este proceso total, y anuncian la crisis final del modelo occidental de alienación y arrasamiento del orden natural, para transformarlo en productos de promovido consumo masivo, con el único propósito de lucrar.
En ese contexto, los que con la mejor buena fe hemos asumido sin mucho considerar presupuestos incluso contestatarios, pero nacidos en occidente, hemos sido sin quererlo cómplices del desastre. Preocupados por los temas de distribución justa de la riqueza, la lucha por la propiedad de los medios de producción y desentendidos de los modos de producción, hemos olvidado el cuidado del territorio al que hemos considerado, coincidiendo con la derecha, como simple fuente de avituallamiento de recursos.

Crisis de la política: crisis cultural

El desenlace obliga a repensar la política, lo que significa – ya lo vimos – un proceso de reconciliación con el territorio en que vivimos. Los mitos de la occidentalidad, requieren un recambio que pasa por la deconstrucción de los paradigmas de bienestar occidentales, y la búsqueda de otros diferentes ante un panorama de acelerada descomposición que amenaza con destruir todo cuanto tenemos.
Y repensar la política significa hacerlo desde la cultura, como queda claro. Desde la recuperación de aquello que el occidental nos hizo despreciar y que era conocimiento acumulado durante diez mil años cuando menos, la asimilación de aquello que sí se puede afirmar de la cultura occidental – como ciertos conceptos de libertad real, la noción de conocimiento, etc. – y sobre todo la construcción, la creación heroica mariateguiana sí, pero más aún, la afirmación de nuevo mestizo, dueño de su destino y que vive integrado a la naturaleza, y que nos propone desde hace tiempo Arguedas.
Recordemos cuando nos dice el Amauta José María, en un texto por todos conocido: “El otro principio fue el de considerar siempre el Perú como una fuente infinita para la creación. Perfeccionar los medios de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos. No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacamac y Pachacutec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso.
Qué los hechos recientes, donde los pueblos de la amazonía, olvidados siempre por todos, se han convertido en puntal de lanza – nunca mejor expresado este concepto – de las luchas de todos los pueblos del Perú, nos lleven a reflexión. Y repensemos lo andado. Si sabemos renunciar a tiempo a dogmas y apetitos, el sueño libertario puede estar al alcance de todos.
Ello es más urgente que nunca, porque las crisis que vienen requieren de un manejo responsable, en armonía con la tierra y su diversidad, donde se piense en toda la naturaleza – que incluye animales humanos y no humanos, flora, viento, agua, tierra, piedras y todo cuanto constituye la biosfera y lo que la rodea – como unidad, y se planifiquen nuevos paradigmas de bienestar de acuerdo con las necesidades que van a presentarse.
Si no alcanzamos esto, la irracionalidad occidental que hoy se expresa en el neoliberalismo, en los extremismos religiosos, en el consumismo como falsa promesa de bienestar, en el modelo occidental dispendioso de vida como ideal – y también en formas, modos y consignas de organización presumiblemente contestataría, pero únicamente centrada, en realidad, en los aspectos distributivos y por ello mismo funcionales al sistema – nos llevará a la desgracia que ya se anuncia y a la pobreza permanente, en medio del sacrificio de miles de vidas entre nosotros.

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[1] http://www.ipcc.cl/
[2] Climate Change Report 2007: Impacts, Adaptation and Vulnerability - Summary for Policymakers
[3] Ibid - Climate Change Report 2007

Tuesday, December 18, 2007

Nota: Este texto contiene elementos que ya se han usado en textos anteriores y otros que son nuevos. Son las palabras dichas por el autor en la inauguración de la Casa Socialista en Arequipa, en tiempos de su militancia en el Partido Socialista. En torno a una propuesta de socialismo que, sabemos, entiende que el combate ambientalista abarca a todo y que una señal de los nuevos tienpos es la perspectiva holística que propone. Se trata, pues y efectivamente, de nuevos tiempos, con nuevos actores y una visión renovada de la vida y del rumbo que toman las luchas populares.
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NUEVOS TIEMPOS, NUEVOS ACTORES, NUEVA VISIÓN
Por David Roca Basadre [1]

El Partido Socialista nació producto de la confluencia necesaria de varias corrientes que buscaban un espacio de enlace para la tarea común de desmontar el sistema, y forjar una sociedad distinta.
En ese propósito nos encontramos con la necesidad de reconocer las situaciones novedosas que nos trae la hora presente y que nos obligan a replantear nuestra estrategia, nuestro proyecto de alianzas, nuestra forma de construir partido y de, asimismo, relacionarnos con el amplio y diverso movimiento popular.
Partimos de la constatación, obvia, que lo hecho hasta ahora – más allá del mérito de quienes se empeñaron en esa lucha – requiere de una revisión seria que nos lleve a no cometer los mismos errores. No podemos seguir trabajando como hasta ahora, si queremos salir del punto de repliegue, y el ánimo de derrota, en el que nos encontramos.
El sector de los trabajadores obreros, el de los gremios conocidos, es importante y hay que contar con él, pero carece el día de hoy del peso específico, de la posición necesaria, que sería imprescindible para constituir con ellos el pivote de nuestra lucha y nuestro trabajo.
Tampoco es posible pensar, en tal sentido, que las contradicciones principales con los grupos de poder y sus representantes políticos, se centran en los temas de la propiedad de los medios de producción. Ni es posible hablar de proyectos ligados tan solo a la lucha por el control del Estado por determinados sectores sociales. Hay eso, pero hay también más que eso.
Hoy, los procesos de globalización que no son nuevos – pues podemos hablar de un proceso iniciado hace ya más de 500 años, sin dudarlo – se han agudizado al punto que un modelo impuesto en nuestro territorio por la fuerza al llamarse moderno – que es el nombre con el que hoy se presenta: la modernidad – también ha ampliado su capacidad de corromper las conciencias y llevar masivamente a nuestro pueblo al punto de alienación que le conviene para el sometimiento total.
Y decimos que el proceso comienza hace 500 años, 515 años exactamente, porque es al irrumpir las potencias europeas que se produce el trastrocamiento de la organización de nuestro territorio para ponerlo al servicio de intereses y proyectos de sociedad ajenos.
Hubo antes de esa irrupción, una sociedad eminentemente agrícola, con una economía forjada en la distribución de lo producido mediante un sistema retributivo que era centralizado en la figura de gobiernos empoderados por esa función, la de reciprocidad precisamente, con una cosmovisión integrada a toda la vida y el entorno en general como parte de un todo, que trajo como consecuencia además – luego de más de 10 mil años de aprendizaje y consecuente reconocimiento del territorio que habitaba – el haber logrado niveles altísimos no solo de organización política sino que de abastecimiento efectivo de toda la población en sus necesidades básicas.
No idealizamos, estudios del sabio Antúnez de Mayolo revelaron que los niveles nutricionales de los habitantes comunes de la zona andina eran no solo superiores a los de los invasores sino que superiores a los que hoy en día exige la Organización Mundial de la Salud como los mínimos.
La invasión introdujo, por la fuerza, una organización de territorio al servicio de sus intereses inmediatos y sobre todo, de la metrópoli. El nombre Perú aparece luego en nuestro territorio dominado al que se organiza primero como Nueva Castilla – entre nosotros, porque el mal aparece en todo el continente nuestro – y no solo se introducen nuevos hábitos alimenticios, animales y pastos y otra flora nueva que devasta el territorio, sino que se organiza todo en torno a una actividad que nunca fue prioritaria en estas tierras pero que lo era para el invasor: la minería. Aquello de “Perú, país minero”, tiene su partida de nacimiento en esta intromisión y destrucción.
Miles de años de desarrollo agrícola en los diversos pisos ecológicos de nuestro territorio fueron dejados de lado, las enfermedades nuevas, los nuevos cultivos y las nuevas formas de cultivar – inapropiadas para nuestras tierras –, los animales que alteraban el medio con sus demandas propias, su producción de estiércol contaminante, sus pezuñas duras que apisonaban la tierra y la alteraban en su capacidad productiva, la depredación de los bosques andinos que fueron diezmados en un 90% con la consecuencia letal de la pérdida de los sistemas naturales de retención de agua en las zonas no cercanas a los nevados y que eran muchas, los sistemas de riego para la altura abandonados para privilegiar las zonas bajas, alteraron la vida de las poblaciones locales y al destruir la base alimenticia, junto con la explotación abusiva de la mano de obra indígena y la introducción de enfermedades nuevas, provocaron el mayor holocausto de la historia de la humanidad: finalizado el siglo XVI, apenas el 10% de la población nativa sobrevivía. Pero había nacido, por designio del conquistador, el Perú.
Nunca se jodió el Perú, el Perú nació jodido, y al servicio de otros. Es, pues, un proyecto ajeno, desligado de la voluntad de la mayoría de los habitantes de estos territorios.
La cuatrilogía que considera que somos un país muy rico en recursos (aquella frase falsamente atribuida a Raimondi de que somos un mendigo sentado en un banco de oro, testimonia esta idea tan acariciada), que carecemos sin embargo de tecnología que hay que importar, que hay abundante mano de obra barata asimismo, y que es en la exportación para abastecer a la metrópoli que se encuentra la llave de nuestra fortuna, nace en el proceso de la conquista y se perpetúa en el tiempo, con muchos nombres hasta haberse vuelto sentido común y tener la pretensión de presentarse como algo nuevo incluso hoy, bajo el logo de modernidad y una reinterpretación del liberalismo al servicio de las motivaciones de la extrema derecha mundial que hemos identificado como neoliberalismo, aunque obedece claramente a los principios del fascismo retrógrado, aquel que cree y afirma que solo uno pocos son los escogidos y que eso es, así lo rubrican sus promotores en privado, el inevitable orden natural en el que creen.
El siglo XXI, sin embargo, esta viendo el despertar de una nueva conciencia. Los hermanos indígenas a los que todos, izquierdas y derechas, les decíamos que lo digno era llamarse campesinos y les hacíamos renegar de sus raíces, hoy se asumen con orgullo como indios, como indígenas y reclaman una organización social de acuerdo con las demandas del territorio, de la Pachamama, sin la cual nuestra vida no es posible. Si no cuidamos nuestra tierra y sus recursos, no es posible la vida.
Y por eso debemos levantar propuestas de organización del territorio, de planificación y ordenamiento de su uso en manos de las propias poblaciones. Por eso debemos luchar por procesos de desarrollo endógenos, hacia adentro, antes que pensar en organizar y reorganizar el territorio en función de proveer a los países del mundo más rico, que quiere seguir viviendo con lo nuestro su vida excesiva.
Los Estados Unidos consumen tres veces las hectáreas de que disponen en su territorio y contaminan dos hectáreas más por habitante. ¿De dónde sacan ese exceso que les permite tener camionetas enormes – esas Hummer de moda por allá – que consumen enormes cantidades de combustible fósil, por ejemplo? ¿De dónde los excesos de alimentos? ¿De dónde los lujos? Pues, de otros lugares, obviamente. Como, por ejemplo, de nuestros afanes aquí para atender sus demandas. Chomsky, en una entrevista cuando vino al Perú, se preguntó esto: “No entiendo por qué se esmeran tanto en atender la mesa de los ricos.” Es una buena interrogante.
Nuestra visión de la vida ha de ser, además, austera, pero suficiente. Si todo el planeta se pusiera a consumir como los norteamericanos, se daría una catástrofe de proporciones, necesitaríamos cinco planetas Tierra. Y sin embargo, ese es el modelo de vida que nos venden como el mejor, promoviendo consumismo y midiendo desarrollo por los niveles de consumo: uno inalcanzable para todos, uno hecho tan solo para unos cuantos ricos, en detrimento de una población pobre en nuestros países. Ese es el desarrollo que proponen los que dicen que solo existe una economía y que sus leyes son absolutas.
La dependencia no es, entonces, tan solo la de la importación de productos que no podemos hacer, es peor: es la de un diseño económico mundial hecho en función de mantener niveles de vida altísimos en los países del capitalismo avanzado a costa de nuestros recursos.
La lucha no es tanto por la propiedad de los medios de producción, finalmente un objetivo secundario frente a la lucha mayor por nuestros recursos que son el objetivo de la confrontación global, y que es el verdadero nombre de la globalización al estilo de las sociedades del consumo desenfrenado. Nos quieren para mantener su ritmo inacabable de acumulación, cada vez más planetaria y de la que las multinacionales son el instrumento eficaz.
Son, entre nosotros por ello, los principales protagonistas de la lucha contra el sistema, nuestros hermanos indígenas que hoy elevan sus niveles de conciencia política como ya lo vemos en Bolivia y Ecuador, en México y Guatemala, entre los mapuches en Chile, pero también entre nosotros donde florecen las organizaciones indígenas que van poco a poco camino a la unidad del Abya Yala que es el nombre común que han adoptado para nombrar al territorio.
Son nuevos actores los microempresarios, los sin empleo que por centenas de millares salen adelante para sobrevivir y crean sus propias formas de producir, de mercadear, sin dejar de ser parte del pueblo sufriente, y que adquieren cada vez más conciencia de su unidad como sector.
Son nuevos actores los diversos grupos excluidos de la sociedad por obra de la marginación capitalista que solo concede espacio a aquellos que considera útiles para sus fines; son nuevos actores las luchas feministas que hoy afinan su perspectiva hasta el punto de saber que los procesos de afirmación femenina no pasan tan solo por la inclusión en algunos espacios sino que por la auténtica afirmación de su rol social en la igualdad real y sin cortapisas; son nuevos actores aquel 20% de la población que se afirma en la diversidad de sus orientaciones sexuales y que sufren una marginación que contradice toda idea de libertad individual. Son nuevos actores todos los que, en general, luchan por sus libertades individuales en una sociedad que los margina.
Es en ese marco general que debemos comenzar a pensar nuestro proyecto político, nuestro lenguaje político, nuestros procesos de acumulación política y el rumbo de nuestra estrategia, del imaginario social de mañana y hacia el que habremos de acompañar a nuestro pueblo.
Occidente nos ha aportado elementos que hay que asumir, pero debemos hacerlo como quería Arguedas, haciéndolos nuestros. La idea de libertad, por ejemplo, que debe estar asociada a las formas de organización social propia que encontraremos en el camino de rescatar nuestros procesos culturales originarios.
En tal idea, nos encontraremos todos, si y solo sí aprendemos a reconciliarnos con nuestro territorio. La nacionalidad, la Patria, es un canto del espíritu, aquel que nace de nuestro común amor a la tierra, a la Pachamama a la que debemos tanto luego de haberla maltratado tanto. Allí no hay colores de piel que distingan, como algunos ignorantes quisieran, hay la belleza común de quienes nos integramos al mundo y que al ser parte de él, sabemos que tenemos que vivir en armonía con todo. Y que por lograr tal armonía, sinónimo de la revolución sustentable, perdurable, podemos dar la vida.

Arequipa, 15 de diciembre de 2007


[1] Antiguo responsable de la Secretaría de Ambiente y Recuersos Naturales del Partido Socialista - Perú