Tuesday, March 24, 2015

CHILENOS ESPÍAN, SEGUIRÁN HACIÉNDOLO Y OTROS MANDAN TROPAS



Los chilenos, y otros más, seguirán espiando para cuidar lo suyo


¿POR QUÉ ESPÍAN LOS CHILENOS?
Por David Roca Basadre


El territorio, que es la demarcación política que divide ecosistemas de manera artificial, ha generado siempre enfrentamientos por causa de amenazas o sobre la codicia de lo que no se posee y sí tiene el otro. El caso reciente de espionaje de Chile en el Perú, cuando se suponía que habiendo solucionado problemas limítrofes todo debiera andar sobre ruedas, viene a demostrar que seguimos viviendo la misma realidad decimonónica que motivó la guerra del Pacífico y por los mismos motivos.
Si bajo el pretexto de la liberalización económica el Perú se convierte en el país de mayor inversión de capitales chilenos en su territorio, y eso en crecimiento, ¿no es lógico suponer que el Estado de ese país querrá defender tan importante fuente de ingresos? El posicionamiento de Chile en nuestra economía – como ya todos sabemos – lo lleva a controlar asuntos básicos como la energía, el monopolio del transporte aéreo, cadenas de distribución de alimentos y medicinas, explotación agrícola sobre todo en el sur, todos fundamentales para la supervivencia de los peruanos. Obviamente que Chile necesita espías.
El cuidado de la línea fronteriza es tan solo una parte del asunto y su solución necesaria no zanja el problema que, bajo el pretexto que sea, existe debido a la voluntad entreguista de los recursos del territorio a ajenos por parte de las elites gobernantes.

Inversiones chilenas suman miles de millones en el Perú: van a defenderlas

Los intereses del capital chileno sobre lo nuestro – recientemente fortalecidos – se suman a los depredadores de toda la vida: la colonialidad occidental europea que tiene su expresión más poderosa en los Estados Unidos, que es su prolongación en el continente, y a la que ahora se agrega la de países como China y también Brasil, otro vecino avasallador.
La modernidad neoliberal, que no es un invento reciente sino la traducción a otras formas y lenguajes de lo que vivimos desde siempre, pone pues nuestro territorio en manos de ajenos que lo usan para su provecho en detrimento de los peruanos.
Como sabemos, cuando los grupos humanos se disputan es generalmente por recursos. En general, los límites y demarcaciones que existen entre todas las especies animales están configurados por la necesidad. Entre los humanos, si estas configuraciones se dan con autonomía se trata de un pueblo libre; si son impuestas desde fuera estamos hablando de una colonia.
En el territorio se relacionan el conjunto de componentes bióticos y abióticos de la parte de ecosistema que nos toca en la distribución con el vecino. Por ejemplo, una parte de un río. Un componente importante son los humanos, pero un componente más que tendrá derechos solo si cuida los recursos que le permiten tenerlos efectivamente: no bastan las declaraciones. Y este cuidado solo se puede hacer en libertad. Si el mercado – hegemonizado por más poderosos – decide sobre nuestra base material, es claro que carecemos de libertad. [1]

Los tratados de libre comercio, o TLC, nos obligan a leyes extrañas y nos restan soberanía y libertades

Cuando tomemos consciencia de esto dejaremos de estar asombrados porque haya espías chilenos y no descuidaremos ese flanco, nos preocupará sobremanera que – pocos o muchos – entren soldados norteamericanos a quedarse en lugares estratégicamente escogidos porque entenderemos que los otros buscan nuestros recursos y los gobiernos siguen vendiendo la patria, por ejemplo firmando tratados de libre comercio que no benefician a la mayoría de la gente, ni a la economía general. Como el TLC con EE.UU, donde las exportaciones del Perú al mercado norteamericano crecieron 25.2%, es verdad, pero ¡las de Estados Unidos a nuestro país se incrementaron 60.2%!, agudizando el desbalance comercial y debilitando a importantes sectores proveedores de empleo. Ni que decir del TLC con China. Peor el TTP que se viene.
La disputa con Chile solo se detendrá algún día, cuando pueda recuperarse la libertad, es decir rediseñando la vida en el territorio mediante la priorización de la voluntad política y la relativización de la economía.




[1] El saqueo del territorio y la amenaza permanente de intromisión en el Perú son ese enfoque trascendental de la Historia del Perú que nadie cuenta tal cual, y que ya hace falta que se haga. José María Arguedas sembró la semilla de una mirada ajena a los universales de la colonización que se debe retomar; y María Rostworowski ha mostrado las bases para revalorar nuestra vida en el territorio, e incorporar ello a la reflexión y la acción política.

Friday, February 13, 2015

DESASTRES CRIMINALES: PUEDEN EVITARSE




Desastres no naturales: tienen responsables
David Roca Basadre

Medio país se inunda. Hay huaicos en Chosica que dejan casas colapsadas y decenas de damnificados, afectando a Chaclacayo y Lurigancho-Chosica, con desbordes de lodo y piedras. Decenas de familias son afectadas en Junín, tanto en Satipo donde piden evacuar a las personas, como en Pichanaki que una vez más soporta lluvias intensas en medio de las movilizaciones sociales contra los abusos de Pluspetrol. Y en Villa Junín, un poblado cerca de la frontera con Ucayali, el derrumbe del cerro Chismi, debido a las lluvias, ha destruido 500 casas, colegios y terrenos de cultivo. En Chanchamayo, los deslizamientos y derrumbes han bloqueado el acceso a varias localidades afectando a unas 75 familias.
En San Martín y en Alto Amazonas, Loreto, el desborde del río Huallaga ha afectado a toda la población ribereña, destruyendo 39 centros educativos. En Cajamarca más al norte, la ciudad se inunda.



En Ayacucho las inundaciones dejan el saldo de 78 familias damnificadas hasta ahora, además de centros educativos dañados en Parinacochas. En Pasco, el desborde del río Acopalca causó graves daños en toda la ciudad, colapsando incluso el puente Cacara que es importante medio de comunicación para la zona.
En Cusco se ha cerrado la ruta del Camino Inca. Iñapari, en Madre de Dios, se encuentra inundada debido al desborde de los ríos Yaverija y Acre y el temor mayor de la población es que se repitan los trágicos eventos de 2011 en que quedaron prácticamente bajo las aguas. Podemos continuar la lista.
Los costos materiales son enormes: la Cámara de Comercio de Huancayo estima sus pérdidas en alrededor de 3 millones de soles diarios. Los comerciantes no cuentan las pérdidas por cosechas y otros gastos de recuperación. A nivel de país los montos suman centenas de millones.
Según el Instituto Nacional de Defensa Civil, en 2013 fueron afectadas 52 mil 902 personas. Y entre 2003 y 2012 se vieron afectadas 9’610,999 personas, según el Plan Nacional De Gestión Del Riesgo De Desastres 2014-2021.
Cada año el Estado destina millones para acudir a atender estas emergencias, y ya se ha gastado – según INDECI – 16 millones de soles en ayuda humanitaria desde que comenzaron las lluvias esta temporada. Sin contar los fondos que destinan otros sectores para, por ejemplo, reconstruir colegios.
Este escenario no es novedad, todos lo sabemos y lo hemos banalizado. Ocurre cada año y en las mismas fechas y los mismos lejanos o cercanos lugares. Los eventos climáticos se dan siempre y los desastres, que podrían evitarse, se repiten una y otra vez.
Hay áreas en el Estado que pertenecen a una Secretaria de Gestión de Riesgo de Desastres, adscrita a la PCM, que tienen atribuciones y presupuesto para actuar en coordinación con los gobiernos regionales, para evitar desastres, pero se persiste en la anacrónica e ineficaz política rescatista que acude luego de los eventos, y se deja de lado la posibilidad de impedir que ocurran los desastres.



Uno de los problemas es que se sigue pensando que la atención de este drama nacional perpetuo es competencia del área de defensa, lo que es una barbaridad inconcebible. El clima no es algún enemigo del que haya que defenderse, sino un elemento con el que hay que convivir adecuándose a su frecuencia, que es habitualmente la misma. Es decir que si se sabe que habrá crecidas de ríos, la población debe vivir en zonas que no van a ser afectadas por esas crecidas. Y si habrá friaje, como sabemos que habrá en agosto en zonas del sur andino y selva alta, debemos tener políticas que ayuden a que no se afecten los habitantes de esas regiones. Incluyendo el respeto a políticas que están en el papel y que establecen cuáles son las zonas que no son aptas para edificar viviendas.
Sergio Álvarez, especialista en Gestión del Riesgo de Desastres, nos dijo que “se debe hacer un re-ordenamiento del territorio, dejando de oficializar la ubicación de la población pobre o desplazada en zonas de peligro”.  Además, esto es causal de mayor pobreza. Si una población se ve afectada por estas desgracias cada año, su capacidad de resiliencia será nula, pues apenas empieza a salir de sus problemas ya le está cayendo otro desastre.
La predictibilidad de estos eventos climáticos y la posibilidad de evitar los desastres, que nunca son naturales sino producto de la imprevisión y la indiferencia de las élites y de las burocracias, convierte estas situaciones en verdaderos crímenes con responsables que es posible señalar con el dedo acusador.



Cuando hay un empresario minero o petrolero que quiere invadir una comunidad para acceder al objeto de su angurria, el Estado que tenemos dispone de personal y recursos para ir a cualquier lugar del país, incluso a aquellos que jamás visitaron sus funcionarios. Pero para evitar muerte, pobreza y desolación no es capaz de la misma agilidad y presteza.

Cambiar el sistema significa cambiar este tipo de cosas indignante.

Monday, February 09, 2015

PODEMOS NO ES MODELO, PERO...

“Podemos” y nosotros
David Roca Basadre




Aunque parezca ocioso hacerlo, hay que subrayar que Podemos no constituye un modelo para el Perú. Se trata de algo propiamente español, e imitarlo sería un desatino.
Sin embargo uno aprende cosas de ese proceso. Como que puesto que el hartazgo de la clase política es generalizado dentro de este sistema de cosas, en países ricos y en los que enriquecen a aquellos como el nuestro, hay lugar para que la sociedad busque pasarse por encima de los que fungen de representantes. El coro aquel del 15M español que decía “no nos representan” se les olvido gritarlo a los chicos en las últimas marchas contra la ley pulpín, pero con seguridad que ya viene.
También es verdad que ya no tenemos por qué resignarnos a personas como Susy Díaz o como el farandulero "Brad Pizza" para que la gente manifieste ese hartazgo, porque las vías directas están demostrando ser más eficaces. Hay que afinar ese mecanismo.
También es una característica de los dirigentes que empiezan a aparecer, y que  ya se avistan surgiendo de las mismas luchas, que no se trata de decir lo que la gente quiere escuchar como hace el demagogo García Pérez, sino de expresar lo que la gente piensa y siente. Y claro, eso brota del vivir día a día en las calles, en el campo, al borde del río, entre los bosques. No de un focus group.



¿?


Mientras seguía muy de cerca la movilización juvenil contra la “Ley Pulpín”, lo que más me impresionó, aparte de la presencia abundante e inusitada de chicos de barrios muy pobres, fue el acompañamiento a esas movilizaciones por personas de todas las edades. Era impresionante ver cómo se abrazaban los no tan jóvenes cuando se dio la noticia de la derogatoria de esa ley, contemplar cómo aplaudían aquellos mayores de todas las edades y de todos los niveles la marcha de esos chicos, y cómo lo hacían con auténtica alegría. Puedo testimoniar acerca de cómo muchos adultos los ayudaron espontáneamente durante los peores momentos de la represión y la lluvia de gases lacrimógenos.
Eso y otras cosas nos dicen que algo propio se mueve y que la gente no necesita ya del tutelaje de nadie. Algo que vemos expresarse desde hace tiempo, que no es nuevo, pero que ni el establishment de izquierda o derecha quieren reconocer.
Como lo que estos días nos interpela en las cuencas de los ríos Tigre y Corrientes contra los abusos de Pluspetrol. Allí, el devaluado Estado criollo juega nuevamente a priorizar intereses ajenos sobre los de los peruanos en la habitual mecedora de diálogo desde la que no acepta titular bosques que son la mayoría abrumadora de las tierras de kichwas y shuar, no acepta tocar las servidumbres gratuitas otorgadas a las petroleras en tierras sobre las que no tenía derecho por ser ancestrales de los pueblos indígenas, y niega posesión a las comunidades sobre sus propios suelos. Entonces, en Loreto, surge la respuesta indígena altiva, como hace casi seis años en Amazonas: #TomaElRio!
Los pueblos inician el proceso de liberarse de las ataduras de un sistema y la hegemonía ideológica del mercado depredador hecho rey, al tiempo que se liberan de quienes, arguyendo defenderlos, en realidad decidían sustituirlos en su vocerío.
Volviendo la mirada a Podemos, recordamos que estos dicen que no son “ni de izquierda ni de derecha”. Es complicado repetir esa fórmula entre nosotros porque la ha usado tanto lobo para disfrazarse de cordero que ya nadie cree en ella. Pero sus razones para afirmar tal cosa, de sentido común, si interesan: lo hace para despejar temores y poder afirmarse en su propuesta de independencia política y profundos cambios sociales pero, fundamentalmente, para ampliar los espacios de participación ciudadana.
A nosotros, en realidad, nos basta con entender que nuestra supervivencia se juega en el territorio. Definir el uso que le damos a este, cómo nos distribuimos en él, cómo lo cuidamos para que dure, y si lo que se produce es para nosotros o para atender demandas ajenas, optar por la justa distribución de lo que sustentablemente producimos. Para tales decisiones y para fiscalizar todo ello con amplia participación ciudadana no se necesita de ubicaciones en algún mapa político, sino tan solo de sentido común.


(Artículo publicado en la revista “Hildebrandt en sus trece” N° 236, del 6 de febrero de 2015)

Friday, January 09, 2015

CARTA A UN JOVEN AMIGO, MILITANTE POLÍTICO




CARTA A UN JOVEN AMIGO, MILITANTE POLÍTICO

Amigo, veo tu debate con otro joven como tú sobre politización de las protestas y me atrevo a hacer estas reflexiones.
Una cosa es política en términos generales - que es eso efectivamente protestar - y otra cosa es política partisana. El peor error que se podría cometer es partidarizar estas movilizaciones, creer - como leo que debaten algunos jóvenes militantes de partidos - que "hay que conducir a las masas" porque están desordenadas. Es que eso solo generaría el tipo de rechazo normal en la mayoría de la gente: "otra vez los políticos".
Hay que acompañar, hay que estar al lado y hay que hacer pedagogía en estas marchas. Eso sí hay que hacer. Pero con respeto por la independencia y la autonomía de todos y todas.

Algunos plantean lemas como "Humala es el problema, porque es parte del sistema"... ese tipo de cosas está bien, pues ayudará a que la mayoría entienda que no se trata de decir - lo que algunos que no tienen todo claro dicen, y que es lo peligroso pues equivale a no tener bien la brújula - que "mejor hubiera votado por Keiko".  Y ayudará a ver que hay una exacta equivalencia de pensamiento entre lo que son falsas alternativas que presenta el sistema: Humala, Fujimori, Toledo, Lourdes, García, PPK, Acuña y otros más que parecen novedosos, y que no son más que versiones del mismo proyecto.


Hay, por otro lado, cosas contra las que sería inútil luchar, mejor seguir de largo, como:
a.   el desprestigio de los políticos profesionales (todos, ¿eh?);
b.  el desgaste de las palabras " comunista" "socialista" "izquierda"... que, guste o no, generan rechazo por el mal uso que le han dado muchos: ¿no sería posible levantar principios básicos de equidad, justicia y democracia imaginando formas más actuales de expresarlas? ¿Por qué tanta vanidad con tal color y tal apellido? ¿Acaso vamos a variar los objetivos fundamentales? ¿No es acaso la participación de la gente, empoderar a todos de manera consciente, lo importante? ¿No es lo prioritario partir de una buena relación en el territorio para plantear el buen vivir que buscamos? ¿Por qué nos aferramos a cáscaras y máscaras?
c.   el rechazo a los líderes figureti: los liderazgos nacen de abajo, sorprenden, ya no salen de un partido: hoy se crece solo/a, en el marco de una lucha, de un compromiso que el consenso reconoce como honesto.
Además, se nota mucho cuando alguien quiere figuretear... no diré nombres, pero he escuchado hablar muy mal de algunas personas que, sin haber estado para nada en el brote de las luchas juveniles recientes, una vez iniciadas estas se la pasaron de estudio en radio a estudio de televisión como voceros de no se sabe qué, o como súbitos y súbitas expertos laborales.
El sistema, también hay que recordarlo, no quiere dejarse sorprender. Se asustó con Humala, y no quiere repetir el susto con otro que esta vez sí puede hacer lo que dice. Ellos saben que puede llegar ese otro y a lo mejor con ese no podrán. Con el reglamento de la ley laboral juvenil hacen ajustes para calmar a una mayoría, harán una campaña para explicar que con eso basta para solucionar problemas que son de fondo, y sobre los que no cederán. No pueden dar marcha atrás para que ustedes no aparezcan ganadores, pero saben que deben inventar cosas para que todo se calme y pasar a lo siguiente.
Es que les temen, hay un potencial aquí. Véase, más bien, a este movimiento juvenil como el germen de algo mayor, y aprovéchese no para acumular sino para aprender, y ayudar a madurar. En la maduración está el secreto, porque eso será de todos, no de unos pocos.


Apréndase también de experiencias como la del Bloque Hip Hop, surgido autónomamente de actividades culturales. Hay quienes han sabido promover bien algo increíble hasta ahora: la politización – no partidaria – de jóvenes de los sectores más populares en el marco de una firme postura de autonomía organizativa. ¡Esa sí que es una novedad! Y muy creativa. Además de silenciosa. ¡Qué importante! De allí se pueden sacar muchas lecciones. Por ejemplo, la importancia de las autonomías relativas en todo proceso, que es parte de lo nuevo. Y muchas cosas más que deben sistematizar entre todos sumando experiencias y percepciones.
Apréndase de eso. Y qué se vaya por allí, no para repetir sino para entender que se parte de lo que hay en estas cosas (y en muchas otras): que nada está escrito, que tallas con la roca que te encuentras y que cada una es diferente, tiene textura diversa, forma distinta, y que con eso es que tienes que lidiar, no hay otra.

Tengo la sensación de que existe un sobredimensionamiento de estas movilizaciones, sin embargo. Que son importantes lo son, ciertamente, pero se trata solo de una etapa más en ese proceso de maduración de las personas que mencionábamos, y que debe encaminarse a cuajar en algo sólido. Falta más, queda claro. 



Debemos pensar en ligar los distintos procesos a nivel de país: las luchas por el territorio, por las fuentes de vida, hace tiempo que reclaman reconocerse entre ellas; y ahora pueden trenzarse con estos procesos urbanos que empiezan a tomar forma, que saben ya qué cosa no quieren, pero a los que les falta aún saber qué es lo que quieren. En esto último las poblaciones rurales – indígenas y otras – sí han avanzado mucho.
Los procesos sociales son siempre lentos, hay que aportar con una cuota de voluntad a ellos. Sin dejar de tener en cuenta que en un país de caudillos la gente busca rostros, y quiere que estos rostros sean creíbles, no contaminados por prejuicios (aunque algunos o algunas sean en realidad lo mejor de la Tierra como personas, los prejuicios de la población son un referente indispensable para construir y no los puedes soslayar).
Desafortunadamente, lo único que la gente ve hoy por delante y que supone diferente es a Gastón Acurio, que sabemos que sería más de lo mismo. ¿Cómo enfrentamos eso? He allí un reto interesante: ¿cómo planteamos algo distinto?
Hay que estar, obviamente, en todas las movilizaciones. Hay que acompañar, sin dudas. Pero hay que hilar fino ante la sensibilidad de las gentes, entre las que predomina un sano y respetable espíritu independiente. Y esperar. Guardar en el desván de los buenos recuerdos las recetas antiguas, y aprender desde el principio y de la calle misma.
Hoy, solo la imaginación salvará al Perú. No hay otra cosa.

David Roca Basadre

enero de 2015 

Thursday, December 11, 2014

LA MATERIALIDAD DE LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA



Los derechos de la naturaleza
Por David Roca Basadre

El ser humano ha logrado adaptarse a diversos escenarios climáticos. Mediante procesos de ensayo y error pudo encontrar formas varias de vivir que correspondieron con las demandas de cada entorno en el que se ha ido instalando. Muchas veces, debido a la prosperidad alcanzada el humano multiplicó su población, lo que al generar más demanda para atenderla obligó a exigir más de lo debido al entorno en que habitaba y esto a su vez trajo como consecuencia la desaparición de civilizaciones.
Este ha sido el caso de pueblos como los Mayas en Centroamérica; las del Valle Indo o Harappa en regiones que hoy ocupan India, Pakistán, Afganistán;  Angkor o el Imperio Khmer en la actual Camboya; y tantas otras, entre las que podemos destacar para nosotros el proceso de los Nazca que, todo indica, desapareció debido a la depredación por propia mano de los bosques secos que les daban vida.
Las variadas respuestas a las exigencias del entorno para lograr adaptarse, es lo que llamamos cultura. Por eso es que los pueblos que no han sufrido desarraigo del suelo en que gestaron su historia original no distinguen entre naturaleza y cultura, y sintetizan ambos conceptos en uno solo: territorio.

Pueblos en aislamiento voluntario: guardianes de los bosques, mejor que cualquiera

El pequeño pueblo europeo, guerrero y violento, apremiado por sus necesidades, cercano a procesos muy adelantados como el de los árabes musulmanes y los chinos de los que asimiló mucho, generó una importante tecnología de guerra y de navegación y se hizo a la mar en busca de provisiones en el siglo XV. En menos de cien años logró abarcar buena parte del planeta y hoy en día ha establecido – gracias a prolongaciones territoriales como los Estados Unidos – su hegemonía planetaria.

La tierra, sus frutos, ahora el agua... ¿qué más se quieren llevar?: clamor de ´pueblos

El cambio climático es la consecuencia de esa hegemonía. Porque una sola forma de ver el mundo, una idea de vida y de cultura se ha impuesto de tal manera que ha desaparecido buena parte de la diversidad propia de la vida en todo el planeta imponiendo cultivos y consumos estandarizados, instalando mecanismos de intercambio monopólicos y centralizados en sus necesidades, imponiendo formas de vida que exigen para todos los mismos modos y usos. Así, han ido desapareciendo la diversidad de las formas naturales y adecuadas de respuesta a los entornos igualmente diversos, propios de los procesos iniciales de adecuación.
Como dice la brillante activista ecologista y filósofa india Vandana Shiva: “los monocultivos son posibles por la monocultura de la mente”. Es la globalización impuesta desde hace poco más de 500 años la causante de la crisis climática actual que no es otra que una crisis de civilización, es decir de la civilización occidental hegemónica que pretende pasar como única y absoluta, como superior y solitario objeto de deseo mediante el llamado desarrollo, es decir: depredar, producir, consumir sin límites en un planeta finito.

Los glaciares retroceden por causa del cambio climático provocado por otros: ¿nos indemnizarán?

En nuestro continente hay un valioso esfuerzo de sistematización de lo que fueron los diversos procesos originales de relación armónica con la tierra, para plantearlo como alternativa al desarrollo: el Buen Vivir. Con mayor o menor suerte, hay una aproximación a esta idea que demanda asumir la diversidad como valor, revalorizar el consumo de lo propio de manera sustentable, plantear comercio justo pero priorizando procesos endógenos, reconociendo – en una revolución que supera a la copernicana – que el hombre no es superior a nada sino que es un componente más en los ecosistemas donde le toca compartir derechos con todos los demás componentes de manera condicionada, por la inevitable interdependencia entre todos esos componentes.

Los pueblos dicen no a toda actividad que destruya fuentes de vida para 
satisfacer angurria de otros

Los derechos de la naturaleza no son, pues, retórica sino la afirmación más materialista de todas sobre una cuestión inevitable que implica una nueva ética.
Cuando el señor Humala afirma que se trata de llevar progreso a los pueblos indígenas sin respetar sus modos de vida, prosiguiendo en la misma senda que lo que propiciara los insultos del señor García Pérez contra esas poblaciones, nos enteramos también sobre qué tipo de acuerdos sin salida se están tramando con otros gobernantes y por qué no ve contradicción entre concesionar casi todo el país y propiciar la COP 20, reduciendo el debate a sumas y restas de emisiones de carbono.

Pero, le guste o no a esos dirigentes, la lucha contra el cambio climático es una lucha política que tiene un programa de acción, una propuesta y un camino que – esta vez – se impondrán solos. Porque si ellos no lo asumen, los pueblos por necesidad se encargarán de hacerlo.

Frente al mar de Paramonga, al lado de tubos que llevan desechos que lo envenenan proveniente de la fábrica de soda cáustica para la exportación

(Artículo publicado en la revista "Hildebrandt en sus trece" N° 228 del 28 de noviembre de 2014)

EL CAMBIO CLIMÁTICO ES UN ASUNTO POLÍTICO QUE LOS PUEBLOS DEBEN ASUMIR



A politizar el cambio climático
Por David Roca Basadre

Un fantasma se cierne sobre el mundo: el fantasma del cambio climático. Para minimizar los efectos políticos de este fantasma se han conjurado en santa jauría todas las transnacionales y cuanto poder fáctico es capaz de imponerse por la fuerza o el engaño.
El cambio climático, por lo cambios brutales que genera, promoverá más pobreza y obligará, según estimaciones, al desplazamiento de más de 50 millones de personas en los próximos diez años, con proyecciones muchísimo mayores para fin de siglo.
Todo ello señala un porvenir totalmente opuesto al del progreso y las mentirosas alegrías del crecimiento, obviamente. Pero además plantea nuevos desafíos que no aparecen ni de lejos en los proyectos prioritarios, ni secundarios, de ninguno de los gobiernos, incluyendo – es claro – al del Perú.
Escuchando los compromisos para reducir emisiones de carbono que asumen los países mayores productores de gases de efecto invernadero, surge la interrogante de saber cómo alcanzarán ese objetivo. Según el doctor Rajendra Pachauri, presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), las emisiones de gases de efecto invernadero deberán reducirse globalmente entre 40% y 70% para 2050 y llegar a cero en 2100, y para ello debería dejarse bajo tierra dos tercios de las reservas fósiles conocidas y cesar la búsqueda de nuevas. Pero incluso si se llega a esa meta ello no será suficiente, puesto que habrá que succionar carbono de la atmósfera.



Cuando leemos sobre las proyecciones de crecimiento en los Estados Unidos o en China o en Europa, que están felices porque van saliendo de sus dilemas económicos pues se incrementa el consumo, un sudor frío nos recorre: eso solo puede ser a costa nuestra. Lo peor es el rostro de alivio de nuestros capitostes políticos y económicos cuando dicen que el año 2015 llegaremos a 5% de crecimiento, lo que sin dudas está ligado a esas recuperaciones de los otros y sus mayores gastos en provisiones de piedras y alimentos en nuestro país y los demás del continente, de África, de Asia.
Eso explica que las discusiones oficiales en la COP 20 se limiten tan solo a esos insuficiente pero además poco creíbles propósitos de reducción de emisiones de CO2, y que se dejen de lado los temas de fondo, aquellos que están detrás de todas las recomendaciones del IPCC y que se resumen en la necesidad impostergable de “cambiar la vida”, como soñaba Rimbaud.



No podemos pensar en la verdad de las promesas y acuerdos si se persiste alegremente en proyectos de crecimiento económico que se sostienen en un mayor consumo que requiere de la intensificación de la producción de bienes y esto de la depredación intensiva de recursos que son precisamente el origen del drama planetario que estamos viviendo. No atacar la raíz del problema es evitar hablar en serio, es dejar todo en manos de quienes, sabiendo su gravedad, han decidido apostar por la salvación de pocos.
Cuando el dirigente de extrema derecha francés Le Pen se alegraba de la existencia del ébola porque contribuiría a la reducción de población en África, solo decía en voz alta lo que muchos dicen en voz baja, que precisamente no quieren cambiar de vida. Entonces acuden a una sola variable a la que le dan la mayor de las importancias: el crecimiento demográfico.



Es verdad que hay casi 7 mil millones de habitantes en el planeta y que el crecimiento sostenido de población nos puede llevar a los 11 mil millones en 2100, pero la razón de las carencias actuales es que el mayor porcentaje de consumo se da en los países más privilegiados por el sistema, hábiles para el derroche, en detrimento de aquellos de donde obtienen lo que sobreconsumen. Según estudio de la FAO, el desperdicio per cápita de alimentos por consumidor en Europa y América del Norte es de 95 a 115 kilogramos por año. Y un informe del National Resources Defense Council (NRDC) de los Estados Unidos dice que los norteamericanos arrojan el 40%  de los alimentos que adquieren para consumo sin tocarlos.
La COP 20 no definirá cambiar la vida. Entre cocteles, exposiciones, figurones y la comparsa decorativa habitual, los más de 50 millones de dólares de los peruanos se irán en humo, la triada extractivismo – productivismo – consumismo permanecerá intocada.
La pregunta ante una tragedia anunciada es si se salvan todos o solo unos pocos. Por eso, los poderes fácticos reducen el problema a algo científico-técnico, cuando en realidad es un asunto eminentemente político. La tarea es politizar el cambio climático.

(Artículo publicado en la revista "Hildebrandt en sus trece" N° 229 del 5 de diciembre de 2014)

Sunday, September 28, 2014

HUMALA EN LA CUMBRE DEL CLIMA EN LA ONU: NO DIJO VERDAD

La comedia de la COP 20

Por David Roca Basadre




Se acerca la Vigésima Conferencia de las Partes sobre cambio climático, o COP 20, que tendrá lugar en Lima durante los primeros días de diciembre, y el presidente Humala fue a dar un discurso en Nueva York, durante la llamada Cumbre del Clima de Naciones Unidas.
Dijo Ollanta Humala que se están tomando medidas para combatir la deforestación y la lucha contra la tala ilegal. Esto es notoriamente falso – más allá de cierta cosmética – como consta por el asesinato de dirigentes que denunciaban la tala legal y solo fueron atendidos luego de fallecidos, y como consta por el hecho de ser nuestra Amazonía una zona largamente concesionada para la extracción de hidrocarburos y gas – 84% del territorio amazónico –  con muchas de tales concesiones ubicadas sobre territorios indígenas y Áreas Naturales Protegidas. Las medidas para facilitar más esas actividades en detrimento de la protección ambiental, y la permisividad con toda actividad extractiva privada, son un argumento adicional en contra de las afirmaciones presidenciales.
Dijo Humala que en el Perú vamos a cambiar de matriz energética pues pasaremos al gas y la hidroenergía, pero no menciona las luchas de los pueblos como el de La Convención para que el gas esté a su alcance puesto que se extrae – a costa de tantas fuentes de vida – en su territorio.
Y no menciona el señor Humala, al hablar de los proyectos hidroenergéticos, que la mayor parte de lo que se pueda obtener como energía, si se realizan los faraónicos represamientos proyectados, será para aportar a las demandas brasileras de energía; y que ello será al precio de miles de familias desplazadas, biodiversidad destruida y producción de ingentes cantidades de gases de efecto invernadero como consecuencia de la descomposición permanente de la vegetación y la materia orgánica del suelo.
Tampoco ha mencionado el presidente Humala su insistencia en las carreteras de penetración, particularmente las interoceánicas, que son fuente de destrucción acelerada de floresta al facilitar la penetración de monocultivos, la extracción de recursos, la urbanización y el incremento insostenible de población.  
Dijo bien el presidente en su discurso que para 2050 el Perú podría perder el 20% del PBI por cambio climático, pero olvidó mencionar que el PBI de muchas familias campesinas ya se encuentra en serias dificultades porque su producción se reduce tanto debido al cambio climático que afecta la capacidad productiva – véase diagnóstico del PLANGRACC del Ministerio de Agricultura – como debido a la alteración y destrucción de fuentes de vida para favorecer a actividades extractivas, o a la sobreproducción de la agroindustria para la exportación.
El evento de diciembre se anuncia como un profundo fracaso. Y no solo por la escasa voluntad de los Estados Unidos, de China u otros países dominados por grandes complejos transnacionales, sino que también por los intereses locales de los países exportadores de materias primas – como el Perú – que cifran todas sus expectativas de acumulación de riqueza (para pocos) en la exportación de piedras extraídas a costa de cabeceras de agua, en la venta de innumerables productos que devastan la Amazonía, en la atención a las fantasías alimenticias de países altamente consumidores de cuanto podamos producir – como la quinua que ya no nos pertenece o los espárragos que destruyen napa freática –, en la persistente reducción de la fauna marina y de su hábitat para alimentar cerdos o criar salmón en otros lugares.
Demasiado tiempo nos la pasamos echando la culpa al otro – que la tiene, claro – por su negativa a colaborar. Pero bueno sería mirar por casa para ver si algo se hace para detener, desde aquí, la vorágine destructiva que lleva a la amenaza mayor que está desapareciendo a muchas especies, y amenaza con hacer lo mismo con la especie humana.
Lo recomendable sería que el gobierno diga y pregone la verdad. Para ello debe comenzar por derogar las recientes medidas de flexibilización de mecanismos de control ambiental para las actividades extractivas y fortalecer el Ministerio del Ambiente – comenzando por cambiar de ministro. Y a ver entonces si comenzamos a creerle.

Wednesday, July 16, 2014

BAGUA: INTERPRETANDO LEYES AJENAS Y DELITOS INCOMPRENSIBLES

Ensayo de Interpretación en Bagua
Entrevista por David Roca Basadre


Dina Ananco (wampís) e Isaac Paz (awajún): encargados de la difícil interpretación de textos jurídicos en castellano a sus respectivas lenguas y visión del mundo

En la tradición awajún y wampís, el momento de la muerte es controlado por un personaje llamado el Ságkuch, de los que hay uno para los varones y otro para las mujeres. Su labor es singular, pues inicia el tránsito con un acto sexual por medio de un falo o una vagina de gran tamaño. Cuando los misioneros del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), elaboraron el diccionario awajún-castellano, decidieron que Ságkuch era el equivalente más conveniente para demonio, uno que viola a las personas como primer castigo en la puerta del infierno.
De esas incomprensiones desmesuradas está hecha la relación entre el Estado peruano criollo, más cercano al ILV, heredero de los invasores europeos coloniales, y los pueblos indígenas. Hasta el día de hoy.
Por eso, durante el juicio a los indígenas en Bagua los jueces debieron retardar el proceso, porque la intérprete wampís Dina Ananco Ahuananchi expresó la necesidad de que se explicara a los encausados cada uno de los términos en que consistía la acusación. Ocurre que la mayoría de los indígenas no entendía por qué estaban siendo enjuiciados.
Isaac Paz Suikai, el intérprete awajún, explica que ellos mismos no estaban preparados. “Nos convocaron de un momento a otro para ir a traducir, no era fácil. Estábamos siendo capacitados para la consulta previa, pero no para un juicio”, dice. 
Una palabra como “motín”, por ejemplo, carece de explicación en awajún o wampís. O “alevosía”, que no tiene ningún sentido, porque no existe la idea de mayor o menor gravedad en un delito. “Si robas, robas; y si matas, matas”, explica Isaac Paz.
Dina Ananco se vio obligada a traducir “agravio al Estado” como “fastidio al Estado”, pero tampoco quedó claro lo que “Estado” significa. Y lo de “Motín en agravio del Estado peruano” tuvo que contextualizarlo en los acontecimientos del baguazo para que se entendiera algo.
No es práctica bloquear carreteras, poner piedras, porque antes nunca hubo eso entre esos pueblos. Explica Isaac Paz que “a nosotros nos educan diciendo: ‘hijo, no se camina en el camino ajeno, se camina por nuestro camino que es como nuestra casa’, pero había que protestar”. Y agrega que “antes no había formas de manifestación, no había reclamo. Pero como se aprende en los medios que los andinos obtienen cosas con esos reclamos, que en las ciudades también lo hacen, protestan, hacen paros, huelgas, saliendo a la calle, eso lo estamos aprendiendo, imitando”. Por eso fue que “los acusados declararon que el bloqueo de la carretera no era delito, que era reclamar por algo que veían injusto”.
Y es que eso fueron las movilizaciones de hace cinco años: protestar contra lo que viene de fuera que es sentido como invasión, trátese de colonos o de actividades extractivas.
“Las leyes, la Constitución, son obra de otros, nos las han impuesto”, dice Isaac Paz. “Mis antepasados nunca han tenido un espacio de participación para elaborar esas leyes. No es cosa fácil entenderlas de un día para otro”, añade.

Proceso judicial en Bagua contra indígenas y mestizos

Las leyes que no sirvieron
Otra expresión de difícil comprensión es “cadena perpetua”. Cuando Isaac Paz y Dina Ananco explicaron que se trataba de quedar encarcelado hasta morir, fue la desolación total. “La gente se pregunta: ¿qué hemos hecho?, ¿por qué nos castigan? ¿Por qué tenemos que recibir esto? Y entonces lo toman como un castigo malintencionado y sin sentido. Porque dicen: ‘a mí me provocan, me invaden, reacciono, me defiendo y el más grande me castiga encima’. Esa es la percepción. Esto nunca se ha visto en los pueblos awajún y wampís”, relata Paz.
“Contra Ecuador en los años 80 los awajún y wampís fuimos los que defendimos la frontera. Nos hemos enfrentado con los shuar que estaban armados por Ecuador. Siempre hemos participado y somos parte de las fronteras vivas”, explica Paz, “y así tenemos que defender nuestro territorio, nuestro espacio porque nuestra existencia no depende de la economía sino de la naturaleza a la que no se explota sino que se convive con ella, se intercambia, se depende de ella. Y cuando un grupo político nos amenaza, nos invade tenemos que defendernos, pero ya no en forma violenta sino por medio de las leyes nacionales o internacionales que nos asisten. Se pensó que los gobernantes nos harían caso con esos instrumentos, pero no fue así y eso generó el problema. Y al final terminamos siendo culpables de algo que no se entiende”.
Los tuvieron que capacitar en tres días para entender los términos más importantes. Dice Dina Ananco que “desde que revisamos el texto de la acusación fiscal descubrimos varios términos que necesitábamos interpretar y pensar en wampís y awajún, pero con el apoyo del fiscal, del juez, porque de lo contrario iba a dar mi comprensión del término y no la del fiscal”.  
Explica Ananco que “para evitar eso iba preguntando, y la situación generó bastante fastidio en el juzgado porque evidenció que no estábamos preparados y que el Poder Judicial – lo que es cierto – no tiene especialistas para ejercer el rol de intérpretes, no solo en Bagua, sino en diversas instancias donde juzgan a indígenas”.
Dina Ananco continúa con su explicación y dice que “hay cierto desconcierto con todo esto, porque no hay la costumbre de llevar un juicio con intérpretes, oficialmente. Pero luego que la noticia salió en los medios, se ha dado un mejor ambiente. El juez consultó con nosotros, se siguió aceptando nuestras preguntas, y se dijo a los abogados y fiscales que expliquen los términos usados”.

Las movilizaciones en Condorcanqui fueron sin armas de fuego, 
para protestar no para guerrear

Ikmamu
Para el caso de las muertes un juez awajún hubiera dicho que se trataba de ikmamu, que es la acción de devolver el agravio de manera equivalente. “No es venganza”, explican Isaac y Dina, “porque eso significaría resentimiento. El ikmamu existe porque si a mí algo me afecta, es mejor que tú también sientas lo que me afecta a mí, para estar a la par y que en el futuro nuestros hijos no estén peleando”.
Dice Paz: “Los awajún y wampís siempre van al origen de las cosas, a la causa de las cosas. ¿Cuál fue el inicio? Un juez awajún hubiera juzgado a los que entraron, a los que invadieron”.
Y agrega Ananco que “son dos visiones diferentes, por eso esas incomprensiones. Un juez awajún o wampís hubiera visto que los awajún y wampís no provocaron el conflicto, que hubo muertos en ambos lados, y que entonces tiene que haber justicia en ambos lados. Hubo policías muertos e indígenas muertos. Si a mí me castigas, también castígate a ti.
La gente está de acuerdo en que haya justicia para los policías muertos, pero que también la haya para los indígenas y mestizos muertos. Pero como la discriminación es histórica, entonces hay más sensibilidad por unos, y primero le haces justicia a ellos y luego, de repente, a los otros”.

Dina Ananco durante el juicio, esforzándose en la interpretación

Aprendizajes tardíos
“Nosotros no somos expertos en derecho”, razona Dina Ananco, y reflexiona: “no creo que ningún experto haya pensado los términos jurídicos en wampís y en awajún. Un trabajo pendiente es elaborar un glosario de términos que tenga en cuenta cómo entendemos nosotros el mundo. Habría que hacer uno para cada pueblo. Y no estaría mal que los códigos se traduzcan”.
La buena noticia es que van a inaugurar una dependencia de traductores judiciales para todas las lenguas en la Oficina Nacional de Justicia, Paz y de Pueblos Indígenas (ONAJUP) del Poder Judicial. Como dice Isaac Paz: “esto es un derecho, no es un favor. Y es un comienzo, algo tarde, pero es un comienzo. Ojalá que cuando se hable de presupuesto esto no cambie”.
Cuando uno sabe que hay traductores para diversas lenguas europeas en el Poder Judicial, en contraste con esta realidad que es atendida efectivamente tarde, no puede menos que preguntarse sobre el país en el que se vive, los dirigentes que se tiene, y la justicia que se hace. 

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Entrevista publicada en la revista "Hildebrandt en sus Trece, N° 210, del 11 de julio de 2014.